En ‘Una nueva educación para una nueva realidad’, nos hacemos eco de los testimonios y movimientos de individuos y colectivos afectados por la situación que vive la educación en estos días. En esta ocasión traemos el testimonio, público en redes sociales, de un padre:
«O hablo o reviento. Necesito soltarlo.
Tengo en casa a una maestra de infantil y a una niña de 5 años. Mi mujer no se va a incorporar, afortunadamente, porque está en avanzado estado de gestación, y a mi hija no pienso llevarla al colegio. Y todos los padres y madres deberíamos unirnos para que, al menos, no sea una obligación.
¿Qué queremos? ¿Autodestruirnos? ¿Cuánto tiempo iban a tardar en mandar a todos los niños de una clase para casa porque un niño tenga fiebre, sin saber de qué es? ¿Una semana? ¿Y entonces qué hacemos? ¿Confinamos a todos los niños y a todas sus familias? Y cuando tras recuperarse vuelvan al colegio, ¿nos confinamos otra vez una semana después en cuanto otro niño tenga fiebre? Y si realmente hay positivos y, en el peor de los casos, fallece algún miembro de la familia, ¿qué hacemos? ¿Le echamos la culpa al niño o la niña que no ha guardado la distancia de seguridad? ¿O al maestro o maestra por no tener 50 ojos en la cara?
De verdad que la propuesta oficial de vuelta a las aulas para este curso en pandemia es la barbaridad más grande que he leído y escuchado desde que llegó el coronavirus. Encima de que vamos tarde con todo en todas las administraciones, porque «nos coge el toro» a cada momento, ¿vamos a meter una bomba en cada colegio?
Mi sentido común y mi lógica dicen lo siguiente (por si sirve de algo):
1. Cuando vuelva el período escolar, deberíamos volver al mismo estado que a mitad de marzo. Es decir, clases a distancia y online. Porque seguimos en las mismas circunstancias: no hay vacuna ni tratamiento eficaz. Más vale perder unos meses más de clases presenciales y de sociabilización, que lamentar una desgracia toda la vida.
2. Me parece bien que abran los colegios y que puedan ir aquellos niños y niñas cuyos padres no tengan otra opción o prefieran esa opción. Si esto lo unes al punto 1, ya tienes la reducción de ratio que tanto se demanda (con toda la razón) desde el profesorado. De 25 alumn@s se podría pasar a tener 5, 10 ó 15. Hay mucho miedo y de esa cifra no creo que pase. Esto haría que los grupos fueran más «controlables».
3. Medidas extremas de seguridad. Lo que supone más personal pendiente permanentemente, sobre todo de los más pequeños, que son incontrolables, y a los que por su etapa evolutiva no podemos pedirles más. Y utilizar espacios amplios como bibliotecas y comedores, y no las aulas. Y salidas al patio escalonadas y separados por zonas delimitadas previamente para evitar grandes grupos: cada grupo a una hora concreta y todos con mascarilla.
4. Contratación de más personal docente para las clases a distancia y online, ya que los maestros y profesores ya habrán realizado su jornada laboral en el colegio. En este caso, el riesgo de contagio es 0.
5. Reducción, si es posible, del tiempo que los alumn@s están en el colegio, siempre que la conciliación lo permita. Hay centros que ya han solicitado la jornada continua para evitar el comedor, y a algunos se les ha concedido.
La única razón para todo esto debe ser la conciliación familiar. El resto de razones, son intereses de partidos y devoluciones de favores.»