Si encontramos de manera recurrente noticias y posturas que defienden la no presencialidad, y ninguna en su contra, debe ser que quienes estamos convencidos de que ello es la única vía posible para asumir una educación garantista hacia la salud y la enseñanza de cara al curso próximo, no estamos nada equivocados.
Se mire como se mire, no es viable la vuelta al curso escolar tal y como está planteado, porque no contempla como principal objetivo garantizar salud y educación por igual.
 
Las medidas de planteamiento del próximo curso escolar no corresponden con la realidad. La propuesta oficial no se sostiene.
 
Si hay familias que decidieran no llevar a clase a sus hijos el curso que viene, por miedo al coronavirus, eso no puede ser calificado de absentismo escolar. La situación actual es radicalmente diferente a lo habitual. Los criterios han cambiado. Las normas también deben hacerlo. Nadie puede cuestionar que la salud es lo primero.
Las medidas no tienen sentido porque no es prevención. Y más aún entre menores y jóvenes, que según se nos dice suelen ser asintomáticos, y que por tanto pueden contagiar con más facilidad, pues se les supone sanos y así se sienten ellos. ¿Se les aisla y ahí acaba su curso escolar y el de sus compañeros? Y como la Covid19 no genera anticuerpos suficientes como para desarrollar inmunidad, cuando vuelvan a clase, nada les garantiza que no se vuelvan a contagiar… 
Por probabilidad de contagio, dada la imposibilidad de mantener distancia de seguridad, es inviable la vuelta a clase. Prevención es «antes de». Si se contempla el aislamiento por contagio, ¿porqué no se contempla la no presencialidad para evitar ese contagio?
Muy injusto tener que elegir entre salud y educación con nuestros hijos. Y muy duro verte cuestionado por ello. 
Por una vuelta segura, viable y con criterio. viables, alternativas como la que ofrece nuestra propuesta:
Merce Pérez y Raquel Villaescusa, promotoras de la propuesta ‘Una nueva educación para una nueva realidad.