En ‘Una nueva educación para una nueva realidad’, nos hacemos eco de los testimonios y movimientos de individuos y colectivos afectados por la situación que vive la educación en estos días. En esta ocasión traemos el testimonio, público en redes sociales, de una madre:
«Ayer estuve haciendo varias gestiones:
— En el banco solo podía haber 1 persona en la caja y 1 por cada mesa, el resto esperamos en la calle nuestro turno.
— En la primera frutería a la que fui el aforo era de 5 personas, en la segunda de 2. En la papelería de 4 y en la panadería de 3.
— No pude realizar un trámite en el ayuntamiento porque no tenía cita previa, imprescindible para evitar aglomeraciones.
— Solicité cita para ir al médico, pero primero me tenía que atender por teléfono y ya valoraría si era estrictamente necesario que fuera.
Me sentí tranquila, no me importa esperar en el exterior porque hay menos riesgo de contagio. Veo bien ir a los lugares con cita previa, efectivamente hay menos aglomeraciones, lo que implica menos exposición al virus, y menos tiempo de espera. Me gusta no tener que ir a un centro de salud si no es estrictamente necesario, así reducimos el riesgo de contagio tanto de los sanitarios como de nosotros mismos.
En septiembre mis hijas se incorporan al colegio y al instituto, con suerte, 25 y 30 niños por aula respectivamente. En el patio, cientos.
En septiembre me incorporo a mi centro educativo, pues soy docente: con suerte, 30 alumnos por aula (el curso pasado llegamos a 33). En el patio, cientos.
Algo falla: ¿Son los centros educativos los únicos lugares en los que todo va a seguir como siempre en cuestión de aforo?
No me vale la excusa de decir que si ya vamos a los bares, a los centros educativos también se puede ir. Claro que se podría ir, pero no con esta ratio. Los bares también tienen su aforo reducido y, en cualquier caso, es un lugar al que uno acude voluntariamente, y si no se siente seguro allí puede dejar de ir. 
A un centro educativo se va de forma obligatoria: los niños y niñas van porque están obligados a ello por ley (y por la mal llamada conciliación familiar) y los docentes porque es su lugar de trabajo: ¿son nuestros niños y niñas, chicos y chicas, las únicas personas a las que vamos a obligar a asistir a lugares masificados?¿Son los docentes las únicas personas a las que no vamos a cuidar en su lugar de trabajo?»