En ‘Una nueva educación para una nueva realidad’, nos hacemos eco de los testimonios y movimientos de individuos y colectivos afectados por la situación que vive la educación en estos días. En esta ocasión traemos el testimonio, público en redes sociales, de una maestra jubilada:
«Estoy pensando que no soy experta en epidemiología, ni formo parte del comité de educación que estarán buscando como locos fórmulas para que los alumnos vuelvan al cole en septiembre, quiero pensar que tendrán asesores que les marcarán las pautas a seguir.
Pero he sido maestra casi 40 años, sí, soy una experta en como organizar un aula con 25 niños de infantil.
Es tiempos normales, sin el virus.
Los primeros días no ejerzo de maestra, solo quiero consolar y calmar a los alumnos, la programación que había hecho en los primeros días de septiembre está llena de tachones.
Llantos, mocos, pipis, todos agarrados a mí falda… pasan unos días y poco a poco se van adaptando, consigo que estén sentados en sus mesas, pero ellos no entienden de confinamiento, y por mucho cuidado que tenga, no pueden estar separados, juegan juntos, comparten juguetes, los tocan…, los puntos suspensivos serían interminables.
Siguen pasando los días, ya consigo que trabajen un poco, utilizan lápices de ceras, plastilina… ¿Qué hago? Le pongo el nombre a cada lápiz, a cada plastilina, no saben los expertos que siempre quieren el que no les ha tocado y se los cambian.
La hora de la comida es para grabarla y que la vea la ministra de educación, se lavan sus manos, yo les abro el grifo, les pongo el jabón uno a uno, sobre todo en tres años, los más mayores solos, todavía con más riesgo, todos quieren comer al mismo tiempo, quieren la comida del compañero, a veces se la quitan o el otro se la da.
Todas esas pequeñas cosas ocurren sin yo poderlo remediar…
Y sigo… llega la hora del recreo, los tres cursos juntos en el patio, jabatas (las maestras) corriendo por el patio para vigilar sus juegos que como niños sanos da gusto verlos correr, te tienes que preocupar de los que se aíslan, los que todavía no se sueltan de mis piernas… podía seguir escribiendo, pero no sirve de nada.
Se me olvidaba, cuando uno se resfria se lo pega rápido a los demás, me he encontrado muchas veces con la mitad de la clase vacía. Humildemente invito a la ministra y a todos los políticos que quieran, a qué visiten un aula de cualquier centro educativo.
Hace mucho tiempo vino a mi clase una inspectora para evaluar el cole, yo tenía ese año los más pequeños, ella estaba sentada tomando nota del funcionamiento de la clase y de mi trabajo, bueno pues los niños acudían a ella para muchas cosas, incluso llevó a más de uno al cuarto de baño.
Cuando terminó la jornada me dijo una frase que nunca olvidaré: todos teníamos que pasar un día por una clase de infantil.
Esto es una mínima parte del mundo de la enseñanza en circunstancias normales.
Estoy ya jubilada, pero pienso en la papeleta que tienen mis compañeros y compañeras.
Esta es mi vivencia como maestra de infantil. He dedicado toda mi vida a la enseñanza y lo haría de nuevo.
Muchos alumnos están a cargo de sus abuelos jubilados, ¡otra vez nos va a tocar el perder! 
Soy mayor pero amo a la vida.
Rogaría a quien competa que pidan opinión a los profesionales de la enseñanza.
Me gustaría estar equivocada y que mi opinión fuera la de una maestra que está mayor».
Lola Guevara, 30 de julio de 2020.