¿Qué les preocupa a las famillias? Mis conversaciones con distintas agrupaciones y colectivos del contexto familia, me hacen reflexionar, y mucho.
A las familias nos ha preocupado tanto los contagios y que vuelva a pasar lo mismo, que nos hemos olvidado del modelo educativo, confiando en un modelo social garantista, el que hasta ahora conocíamos, que creíamos se ocuparía de la educación como es debido. Pero tanto esperar y confiar, nos ha pasado factura.
Y nos encontramos con una realidad diferente, que nada tiene de normal, aunque se empeñen en decirnos que esto es la «nueva normalidad». Nadie nos definió «normalidad», pero se nos obliga a asumirla y vivir en ella, confundiéndonos con las palabras.
 
Nos hablan de conciliación, pero eso no depende de los responsables de Educación, si no de los de Trabajo. Nos hablan de recursos, pero eso no corresponde a los centros educativos, si no a las administraciones. Igual que a los centros no les corresponde la responsabilidad de cargar con la asunción e implementación de medidas para las que no les dan recursos, ni humanos ni económicos. El «ahí te las apañes» está muy feo viniendo de las administraciones, y más aún cuando se trata de educación.
E igual que hacen con los centros educativos, pretenden hacer con las familias: sobre nuestros hombros está el aguantar estoicamente la incertidumbre total, y «buscarnos la vida», cuando ni siquiera sabemos cómo y cual será nuestra vida, a menos de un mes del comienzo del curso escolar. Ni todas las familias somos iguales, ni queremos lo mismo, ni necesitamos lo mismo. Además, socialmente estamos comprobando que la pandemia y sus concuencias no se recibe igual para todos, y estas interpretaciones también se trasladan al ámbito familiar. Nos ha tocado aprender a vivir desde el miedo, y el miedo es un mal aliado, si no conseguimos gestionarlo.
Y mientras, en la redes surgen textos de reflexión de madres y padres, desde preocupados a escandalizados, que ponen en absoluta evidencia la propuesta oficial actual frente al curso que viene, y es que no funciona. Medidas que sobre el papel pueden sonar convincentes para algunos, pero que cuando se llevan a un contexto en el que el objetivo son los menores, y además en grupos numerosos, es imposible de llevar a cabo con éxito, y ni siquiera con las mínimas garantías.
Se habla de educación curricular no presencial, pero no se define qué tipo de sostén que recibirán centros, alumnos, educadores y familias para poder llevarlo a cabo, ni siquiera se nombra si lo habrá. Se habla de la conciliación, a la espera de que Trabajo y Educación se reunan para ver de qué manera los adultos responsables pueden hacerse cargo de los menores mientras se educan en casa, porque lo que hasta ahora se ha mal llamado conciliación y teletrabajo, el final del curso pasado ha dejado claro que no lo era. Se habla de protocolos sanitarios, pero no hay trabajo en común entre Educación y Sanidad, y tampoco es razonable hablar de que quién tenga síntomas se va para casa y que la cuarentena del aula del afectado y el cierre o no del centro se estimarán caso por caso, cuando estamos hablando de una enfermedad que no siempre da la cara, y que para cuando la da, ya ha podido contagiar. Y más si hablamos de un grupo poblacional mayoritariamente asintomático, como son los menores. Y supongamos que los niños se contagian, se dan de baja, y calro, con ellos sus familias, y sus contactos cercanos, incluidos los del cole, en cuarentena preventiva, pasan la cuarentena y vuelven, pero para entonces otro se habrá contagiado, y vuelta a empezar. ¿Cómo se consigue impartir un curso escolar en estas condiciones?¿Cuantos verán afectada su salud por el camino? El sistema, hoy por hoy, no tiene respuestas para sus propias propuestas. Y sinceramente, duda que hayan tenido en cuenta que ser asintomático no significa no contagiar. También contagian, pero el problema es mayor porque ni se saben ni los demás les saben contagiados, y no se toman las precauciones correspondientes. Y esto llevado a un entorno como un centro escolar, es lo que lo convierte en grave.
En resumen: dejan en manos de los futuros contagios el trascurrir del curso. primero incorporación, y luego ya se verá. pero se nos lleva diciendo desde marzo que esta enfermedad se combate desde la prevención. Debe ser que es así en todas partes menos en los centros de educación.
Familias, si no queremos que nuestros hijos se contagien, la única opción garantista es la distancia social, y en la presencialidad de los centros educativos no se puede garantizar. Pero si no nos ayudan para sostener la no presencialidad no podremos soportarla. La razón habitual por la cual dicen las familias que quieren llevar a sus hijos al colegio o al instituto, es porque si no lo hacen no ven posible seguir trabajando, y, señores, si no trabajamos no comemos. Un modelo de educación flexible con ayudas desde las administraciones competentes es la única solución viable. Lo ideal sería una no presencialidad 100%, pero si no todas las familias lo ven a su gusto o necesidades, y atendiendo a la libertad de elección, pero adaptando esta a la situación que vivimos, la no presencialidad en 50% y sin turnos es la opción. Una una opción que el sistema contempla en sus escenarios, pero que parece que le cuesta implementar, no se entiende por qué.
 
Las familias ya sabemos que, con Covid19 o sin el, ningún niño debería ir enfermo al colegio, y quienes hasta ahora les enviaban medicados, esperamos por el bien común que este año se lo piensen. Pero, ¿y si no sabemos que nuestros hijos están enfermos?
Otro de los colectivos víctimas de esta inverosimil situación son los educadores. Es importantísima la visión de los docentes, y no se les ha dado posibilidad de expresar ni opinar, y mucho menos de proponer. Sólo se les exije: incorporate, haz tu trabajo como puedas, porque nadie te dice cómo, asume la función de sanitario, supervisar, policía y restreador del virus entre tus alumnos, y además, enseña, y de vez en cuando te haremos las pruebas, y si estás contagiado te sustituimos y ya está. Sin palabras…
El modelo de educación y de centro educativo, procedente de la Revolución Industrial, y que aún tenemos ha quedado obsoleto hace tiempo, y ahora, en una situación tan radical como esta, es tan evidente que duele.
Ya nos llega el mensaje a todos: «El país no puede parar». «Debemos prevenir». «La conciencia social es la base». «Fundamental distancia social, lavado de manos y mascarilla». Pero ¿porqué desde el final del curso pasado hasta ahora no se ha trabajado para ver qué se implementaba y montar las plataformas necesarias, capacitar a los profesores, proveer de materiales a las familias? ¿Porqué en educación no sirve la consigna «prevenir» y «conciencia social»? ¿No han sufrido los menores suficiente, estigmatizados y encarcelados, para que ahora se les obligue a un colegio que no es su colegio? 
¿Cómo podemos tener a las familias viendo cómo hacen para comprar ordenadores, o conseguir teletrabajo, o intentar vivir sólo de un sueldo, por si acaso…. ¿Cómo podemos tener a los centros educativos y a los docentes absolutamente desinformados?
El problema hay que mirarlo con perspectiva. Para los gobiernos, al menos para el nuestro, la prioridad no es la educación, ni tan siquera la salud, si no la economía, que es lo que mantiene a flote a un país y lo que lo define. Su visión es global y está por encima de lo demás. Y si para ello se sacrifican otras cosas, pues así será. Por eso es fundamental evidenciar el desastre que supone el plan oficial de educación frente al curso próximo. Solo se conseguirá lo que se necesita desde la presión social.
Y otra realidad es que lo que estamos viviendo no se parece a nada conocido, y por lo tanto nada de lo que hagamos podrá ser igual, a ningún nivel. Nos toca vivir el día a día, para ir adquiriendo experiencia y porder ir definiendo sobre la marcha las necesidades correspondientes. Se acabó el estado de bienestar. Se acabó la seguridad, las garantías, los derechos, tal y cómo los conocíamos. Alguién dijo una vez que si quieres que algo cambie, no sigas haciendo lo mismo…

Además, aunque siempre hemos oído desde fuera, y sabido desde dentro, que los niños son el futuro, cuando hemos llegado a una situación extrema, desgraciadamente los menores no son fuente de recurso económico inmediato para los gobiernos… No les valen… 

Para cuando los niños de ahora contribuyan a la economía, los gobiernos actuales ya no estarán. Y por otro lado, sin una economía mínima, ningún país subsiste. Deberían buscar el equilibrio, pero van a lo fácil, a lo que les cubre a ellos, porque todo es política
Otros países ya han despertado, han salido de sus zonas de confort, y también eso se ha notado en educación: una formación online excelente con conexiones en horarios concretos, incluyendo clases y deberes, reuniones, tutorías de apoyo, acceso a sus profesores, siendo estos proactivos y estando preparados para la educación a distancia, plataformas de apoyo para tareas, dudas y refuerzos dentro de los mismos centros, apps pedagogías. ¡Y claro que los menores han aprendido! ¿Es que no se puede enseñar a distancia con herramientas de educación presencial!
La no presencialidad tiene muchas opciones posibles: 50%, 100% curricular o libre, voluntaria… Pero claro, si no tiene apoyo desde el sistema no podrá ser. Y por supuesto, considerando las características de cada curso y de cada etapa evolutiva. Pero es lo único que puede garantizar la distancia social y el control de cumplimiento de medidas, y eso sólo es posible evitando la asistencialidad o minimizándola todo lo posible. Porque los niños no pueden controlarse solos. Es pedirles demasiado. Y no todo el mundo quiere, puede o le es posible costearse una no presencialidad, y eso hay que respetarlo, en la medida de lo posible, aunque a veces no se comprenda.
Y hablando de necesidades, me  surgen nuevas preguntas: ¿Y para los niños con necesidades especiales? ¿Y las familias en exclusión o riesgo de exclusión o en circunstancias personales no compatibles con la educación desde casa? ¿Y las familias numerosas?. Y tampoco hay respuestas.
Si, y ya soy consciente de que hay una cosa que también preocupa mucho a las familias, y es la necesidad de contacto, y de relación entre iguales, especialmente en los mas peques. Aprenden del juego, del tocar, experimentar y necesitan para su desarrollo. Y a todos nos gustaria que no se les privara de esa necesidad, pero en esta nueva realidad no normal esa normalidad ha dejado de ser prioritaria, porque la prioridad es la salud. 
Yo lo veo en mi hijo y es lo que más me entristece. Con cuatro años lleva sin ver a niños desde marzo. Dice que sus amigos son sus juguetes. No solo es triste, también es un problema de cara a futuro y deja huella seguro. Pero esta pandemia nos ha obligado a priorizar por encima de nuestras prioridades: en mi familia si entra el coronavirus mi marido se contagia y no trabaja, y como es autonomo no comemos, y si lo cojo yo mi hijo no tiene quién lo cuide. Es todo tan grave y tan dramático que la salud emocional de los niños queda en segundo plano, y la física es condicionante de la del resto de la familia y de las consicuencias que esto traería. A mi me rompe el corazón y me indigna por igual… pero cada día trabajo para aprender a resignarme y asumirlo. Vivir sin libertad y con miedo es lo último que habria pensado que iba a suceder, lo último que hubiera querido, y por supuesto, lo último que pensé que vivirían mis hijos, a los que crié y estoy criando en todo lo contrario, hasta ahora. Para cuidar mi salud, la de los míos y la de mi sociedad, tengo que traicionar mis valores y mis creencias. Hasta ahí nos lleva esta pandemia. 
Familias, antes de decidir, informaros y formaros, que elegir una educación presencial no nos convierte en «profesores» de nuestros hijos, pero sí nos obliga a asumir una responsabilidad diferente, porque si seremos sus supervisores, nosotros o quienes asignemos para hacerlo. Pero es que, además de la educación no presencial curricular, existe la educación a distancia, que va sostenida con centros educativos especializados. Y luego la libre educación, para quién si quiera convertirse en el recurso esencial de sus hijos para aprender, pero que tampoco requiere que seamos sus «profesores», una vez más, porque la manera de aprender es otra, y por ello y para ello existen asociaciones y agrupaciones que nos sirven de guía, si este es el modelo que elegimos. No se trata de elegir entre el cole convencional y la educación libre sin apoyo, se trata de conocer todas las opciones y exigir que se nos validen y se nos apoyen desde el sistema. Que de verdad podamos comprobar que se está anteponiendo la salud por encima de todo, pero sin descuidar la salud. Por eso lo ideal sería que el sistema proporcionara la flexibilidad y las ayudas necesarias, para que cada cual eligiera si quiere presencialidad o no para sus hijos, y en caso de que se prefiera la no presencialidad, que modelo.
Decisión personal respetada y apoyada para cada familia. Podemos estar o no de acuerdo, pero la decisión debe ser de cada familia. La situación es tan tristemente novedosa y peligrosa que así lo requiere. ¿Porqué obligar unos a otros? ¿Porqué no permitir que cada cual elija, dentro de las opciones posibles, para el bien común?Cada cual dónde quiera y como quiera, y todos lo más seguros posible… No podemos centrarnos en la igualdad absoluta cuando la salud está tan radicalmente en juego. Sólo podemos centrarnos en el equilibrio que garantice los derechos de los niños, sin poner en peligro lo demás. No son momentos de juzgar, si no de apoyar por una causa común: derechos de los niños, educación y salud.
Si nadie se ha podido adaptar con garantías a la pandemia, ¿como los van a hacer los centros educativos, si no cambian radicalmente su modelo? Nunca nos vimos en una pandemia. Lo de antes ya no sirve.
 
Esos recursos que permitan la bajada de ratios casi ningún centro educativo los tiene. No hay espacio. Y no hay presupuesto para más personal. Habiitar espacios fuera de los centros no es funcional, y también requiere de recursos que no se tienen. Y aunque todo esto se consiguiera, sigue sin haber garantías de que se pueden poner en práctica con éxito las medidas preventivas.
Centralizar una educacion online de calidad, un cyberschooling real, eso es garantía. Una opción garantista plural, centrándonos en lo singular y desde la flexibilidad educativa. Y, desde luego, no se puede impartir educación a distancia con herramientas de presencial, así que implementación adaptada de herramientas de educación a distancia y de homescholling, ofrecidas por profesionales y expertos, que para algo la educación libre lleva implantada con exito en Europa, y también en España, desde hace muchos años.
Estoy convencida de que sólo entre familias se puede encontrar la mejor solución para esta situación. Pero si no se hace poniendo el foco en alumnos, familias y educadores y centros, por ese orden, y en interactuación y sinergias con todos esos contextos, no funcionará. 
Fdo.: Raquel Villaescusa. Madre, doula, coach de familia y educación. Profesional de la comunicación. Parte de la plataforma ‘Una nueva educación para una nueva realidad’