Estimados señores de Presidencia de Gobierno:

Desde el movimiento ‘Una nueva educación para una nueva realidad’ agradecemos muchísimo su respuesta al escrito que les dirigimos hace unos días, y el especial interés que le han prestado. 

Somos completamente conocedoras y conscientes de las medidas y recomendaciones, desde las administraciones competentes para los centros educativos, y del trabajo que ello haya podido suponer, con el objeto de reforzar la prevención, higiene y promoción de la salud y ofrecer una vuelta a las aulas de forma segura posible.

Pero todos sabemos que asegurar la garantía en salud ante el coronavirus, el retorno a la actividad escolar, es muy complicado, y a veces imposible. Podemos, entre todo el colectivo educativo, maximizarlo, pero hasta ahí, y como bien comentan ustedes, el riesgo cero no existe. 

Ustedes mencionan en su respuesta que hay un riesgo que hay que evitar a toda costa: la exclusión social que se produciría por no volver al colegio. En este sentido nos gustaría comentarles que en esta nueva realidad no hay normalidad, la normalidad se generará pasado un tiempo, cuando realmente lo que nos está sucediendo se convierta en normal, y desde una experiencia normalizada se puedan establecer criterios de acción, en educación y en todo. La expresión tan difundida «nueva normalidad» nos está despistando. Desde esta nueva realidad, la vivencia covid que nos centra en preservar la salud nuestra y de los nuestros por encima de todo, atendiendo a nuestra situación personal y al de nuestro entorno, pues uno de los valores fundamentales en esta pandemia es la responsabilidad y la solidaridad social, nos obliga a descolocar todo en lo que nuestra pirámide de necesidades y creencias esgtaba estable y compartido socialmente, hasta ahora. En ese sentido, la exclusión social ya está presente en el fenómeno covid, pues la prevención nos lleva al aislamiento, y ello a la deshumanización, tanto a adultos como a menores, niños y adolescentes. La exclusión que pudiera suponerles a los menores no asistir a clase presencial, no sería tal, si no una práctica de nueva realidad, normalizando desde pequeños el contacto social online, al que nos está llevando esta situación sanitaria.

Priorizar la presencialidad en este curso escolar, tras lo expuesto anteriormente, nos parece un error. Para nosotras el enfoque de partida es priorizar la salud por encima de todo. Y la salud en pandemia responde a una situación personalizada y diferente para cada familia, por ese motivo nosotras apostamos por una elección libre para las familias, en cuanto la educación curricular oficial presencial y no presencial, y eso evitaría a algunas familias a verse forzadas a desescolarizar a sus menores, para garantizar su salud y la de sus familiares, bien porque sean grupo de riesgo, bien porque el miedo, que en esta situación de gravedad es legítimo, les obliga a decidirlo así.

Nuestra propuesta de libre elección en educación curricular oficial presencial y no presencial, a nuestro parecer es la única opción garantista de salud y educación por igual, pues aporta posibilidad de que los centros educativos implementen las normas básicas sanitarias, de distancia social, uso de mascarillas, desinfección específica de los centros, y control de todas estas normas, para sostener una apuesta así, y al mismo tiempo permite que, las familias que por sus circunstancias personales lo requieran, y su disponibilidad lo permita, deseen educar en este curso escolar desde su casa, acogiendo la no presencialidad 100% tutelada y dirigida por el currículum escolar y los propios centros de sus hijos, es decir, haciendo el curso en casa, pero desde su centro escolar.

La dificultad insalvable que encontramos en el modelo oficial establecido para este curso escolar, podemos describirla en diferentes puntos:

* Los menores, tanto niños como adolescentes, no están preparados para asumir y asimilar la estricta normativa sanitaria en la escuela, por su etapa evolutiva y su falta de experiencia vital, que no les permite conocer las consecuencias del contagio y la enfermedad que nos trae el coronavirus.

* Los grupos de convivencia estable, o llamados «grupos burbuja», no son tal, puesto que esos niños y sus profesores, y los profesionales con los que conviven en el centro escolar, vuelven a sus hogares y a sus contactos, y ahí el aislamiento sanitario desaparece. Pero es cierto que los niños de infantil y los de primeros cursos de ESO, por su etapa evolutiva y su momento de vida, son el colectivo de menores que menos puede asumir y garantizar el cumplimiento de uso de mascarillas y distancia social. Además, desde esta norma de «grupos estables» se asume el contagio para esos niños, familias y docentes se contagian, con el impacto socioeconómico y sanitario que eso tiene.

* La higiene y desinfección específicas, personal y ambiental en el contexto escolar, es muy difícil de mantener, debido a la cantidad de personas que transitan por un centro escolar en cada jornada. La educación para la salud hacia alumnado y profesorado y demás profesional educativo, es muy beneficiosa. La ventilación frecuente de las aulas es otro gran aliado. Así cómo los puestos fijos en aulas y autobuses escolares, el uso obligatorio de mascarillas para los mayores de 6 años (porque a los menores de esa edad es imposible obligarles a algo así, si no quieren), la toma de temperatura al entrar al centro, la norma de no acudir al centro con los síntomas indicados en los documentos informativos y en esa guía de actuación que conocemos que el Ministerio de Educación ha presentado a las CC.AA. para actuar de manera protocolaria ante la aparición de «casos covid» en los centros, las aulas de aislamiento para los casos detectados, y el resto de medidas específicas que conocemos que tienen previsto que se implementen en los centros. Pero todas son medidas que resultan insuficientes para el colectivo infantil y juvenil, que no es capaz de concienciarse de la importancia de la prevención y el uso de normas.

* Muchas son las familias de grupos concretos del colectivo educativo de nuestro país que se han quedado desasistidas o con importantes carencias, como son las familias con menores de necesidades especiales, altas capacidades, familias numerosas o monoparentales, familias en exclusión social o en riesgo de ello, y familias de grupo de riesgo, bien porque sus menores tienen patologías diagnosticadas incompatibles con el COVID19, o bien porque conviven con familiares que son de riesgo, o bien porque esas familias son los cuidadores de familiares de avanzada edad, que solo por eso ya son de riesgo.

A los menores con necesidades especiales, que son uno de los colectivos más vulnerables en esta vuelta a las clases en pandemia, y que requieren, con mayor urgencia y prioridad que el resto, disponer de las mejores opciones, las medidas sanitarias generales para este curso escolar, no sirven: puede que no toleren las mascarillas ni que los adultos que les rodeen las lleven, o la toma de temperatura, el distanciamiento social o tantísimas diferencias con lo que ellos conocen de su centro escolar habitual. Esta situación puede generarles alteraciones de conducta y que estas requieran la intervención de varios profesionales para su reconducción. Sin garantías de distancias ni protección, y con la imposibilidad de prevenir estos sucesos, la exposición aumenta. Así pues, familias y centros requieren para estos menores flexibilidad asistencial y normativa. Comprensión, tolerancia y empatía. Mucha conversación, reflexión y seguimiento por parte de todo el colectivo educativo, para que los recursos disponibles se adapten con eficacia. Y la posibilidad siempre abierta de que realicen este curso en no presencialidad 100%, si eso les beneficia, y las otras opciones les perjudica. La inclusión educativa y social de todas las personas con diversidad tiene que estar presente en este curso, más que en otros aun. Quienes deseen un plan de escolarización realista para menores diversos deben tenerlo, y quienes prefieran la no presencialidad para estos niños especiales, también deben poder acceder a ello sin trabas.

Los menores con altas capacidades, por su especial sensibilidad y sus habilidades, deben ser tenidos en cuenta de manera especial.

Las familias numerosas no pueden asumir la no presencialidad sin ayudas económicas, tecnológicas y asistenciales, así como condiciones de conciliación laboral adecuadas a su situación. 

Las familias monoparentales cuentan con un solo progenitor para acompañamiento del menor en la no presencialidad, por lo que necesitan apoyos específicos en conciliación.

Y para las familias en exclusión social o en riesgo de ello, los cambios que supone la educación en pandemia lleva a sus casas un problema añadido, por lo que son necesarios unos apoyos específicos para ellos desde Servicios Sociales.

Son necesarios protocolos flexibles específicos para estos grupos. No tiene que haber grandes olvidados en esta educación en pandemia. 

* Otro gran olvidado de esta educación en pandemia es la gestión emocional. El duro golpe que supone para todos esta situación sanitaria, nunca vista e incomparable, no permite referencias, y nos arranca a todos de nuestra zona de confort. Los adultos podríamos disponer de herramientas de gestión emocional que nos ayuden a avanzar, aunque el ser adulto no es garantía, y por lo novedoso e incomparable de la situación, muy frecuentemente está resultando muy difícil o imposible, de ahí los servicios de atención psicológica que han surgido desde la llegada del coronavirus, públicos, privados y de carácter voluntario, y en especial para colectivos vulnerables, como han sido los sanitarios, y ahora lo son los docentes, las familias y los menores. Si es difícil para los adultos, para los menores, con muchísima menos experiencia vital, es imposible. Por tanto es fundamental disponer de recursos de apoyo y acompañamiento emocional para el colectivo educativo al completo, con una especial atención al menor, integrando este servicio a la jornada escolar, e integrando a las familias en ello. Este servicios particular se podría gestionar fácilmente desde las Ampas de los centros. Y en este sentido es importante reseñar el impacto emocional que tiene la deshumanización y el aislamiento del ámbito escolar en los menores, para poder mantener la presencialidad. Obligar a los niños a no jugar, jugar solos o no poder elegir con quién jugar. Obligarles a no poder expresar sus emociones, a distanciarse de sus docentes, que para los más pequeños son sus referencias, y para los bebés y niños menores de 5 años su elemento de vínculo y apego, tiene unas consecuencias psicológicas brutales, y mucho mayores, incomparables, diríamos nosotras, que la no presencialidad. Hemos de pensar que les hemos tenido en confinamiento exhaustivo durante meses, que han sido conscientes en mayor o medida de lo que estaba sucediendo y ahora, casi de repente, les enviamos a las aulas con un sin fin de medidas de prevención que les rodean y les recuerdan cada instante el riesgo que están viviendo o que pueden llevar a sus casas.

* La semipresencialidad que se está ofertando a nivel público y privado es muy dispar, habiendo centros que ofertan presencialidad 100%, otros 50% y otros inferior, siendo esta última opción sobre todo la de los centros públicos, y elegida con mucha frecuencia por la carencia de recursos para la educación a distancia, más por parte de los centros que de las familias, pero también por parte de estas. Esto está generando una gran desigualdad educativa entre los alumnos, causando graves inconvenientes de cara a la presentación del alumnado de último curso a las pruebas de acceso universitario, y abriendo una clara brecha educativa general para los alumnos de cualquier edad y etapa.

* Los equipos de «coordinación covid» previstos para cada centro de educación, no es tal, puesto que no hay personal sanitario en ellos y los profesionales del centro y voluntarios que lo conformen, no disponen de formación específica.

* Además, los recursos anunciados y prometidos desde el Ministerio de Educación a los centros, o no están llegando, o están siendo insuficientes, el refuerzo docente anunciado y prometido igualmente, o no está llegando, o también está siendo insuficiente, si contamos con los casos positivos en coronavirus de docentes en todas nuestras comunidades, y los casos de bajas médicas de los docentes habituales de los centros, ya sea por pertenecer a grupos de riesgo o por cuestiones psicológicas. Los recursos presupuestarios para reformas y adecuación de los centros han llegado tarde o no han llegado, y los espacios disuasorios para impartir clases fuera de los centros educativos y colaborar en la garantía de distanciamiento, tampoco han sido asignados, o no en su totalidad, o están resultando ineficaces o con complicaciones de adaptabilidad.

En general, las familias sienten que la vuelta a las aulas y la incorporación a este curso escolar, no se corresponde con esa llamada «nueva normalidad», porque como antes hemos mencionado y argumentado, la normalidad no es posible. Tampoco se cumple con el incremento de medios, profesorado y seguridad prometidos. Las familias y los docentes y responsables de centros sienten que se les ha expuesto y que se les ha trasladado responsabilidades que no les corresponden. Se les pide, directa o indirectamente, que tomen decisiones por su propia cuenta, pero se les amenaza si lo hacen, ya sea familias que se han planteado no llevar a sus hijos a los centros, por miedo y/o por riesgos reales y particulares, que no ven apoyados desde el sistema, o centros que intentan adecuarse a las necesidades particulares de su alumnado. 

No queremos dejar de hacer mención de la presión mediática que hemos recibido, tanto desde los medios en si como desde la aparición pública de las administraciones competentes en los mismos, estigmatizando a las familias que no han querido que sus hijos tengan presencialidad, y elijan la educación en casa, incluso con vínculo con los centros donde estaban matriculados, o eligiendo la educación a distancia, en el modelo que corresponda, tildándoles de absentistas, objetores, insumisos, cuando son familias cuya principal preocupación son los intereses del menor, en esta situación actual primando la salud, y que al no ver garantías en la normativa ministerial, se nuegan a lo que para ellos supone poner en riesgo a sus hijos y a sus familias, pero que en ningún momento van a abandonar la educación de sus hijos. Se puede hablar de absentismo escolar cuando existe abandono para el menor, pero no hablamos de ese escenario. Como en muchas situaciones que nos ha traído la COVID19, escenarios especiales requieren soluciones legales especiales. En otros contextos ya se están empezando a gestionar. En educación también son necesarias. 

Y la última cuestión que queremos visibilizar en este escrito, y no por última menos importante, es que quede en manos de la decisión personal de los docentes, acogiéndose a la ley de protección de datos, el que los alumnos que tienen por normativa asignada la semi presencialidad, tengan o no clases on line. Y este es un modelo que está surgiendo en muchos centros públicos, y que discrimina, diferencia, expone y perjudica claramente a los alumnos que lo sufren. Esta es una de las disparidades entre centros, pero en general las disparidades son frecuentes en cuanto a la aplicación de las normas imprescindibles de seguridad sanitaria, y esto ha de ser supervisado.

Creemos que mucho de esto es consecuencia de que se han iniciado tarde las gestiones relacionadas con la implementación de la normativa ministerial, y está suponiendo precipitación en muchos centros, y falta de recursos en otros, y aún así se han visto obligados a comenzar el curso escolar. Pero además de esto, como les acabo de exponer, es inviable que las normas de distancia social y uso de mascarillas se respete con seguridad en un centro educativo, por las características de los menores y por la inevitable agrupación de personas. Todas las medidas tomadas pueden ser útiles y notables en otros contextos, pero nos parecen insuficientes en el entorno escolar, y las familias así nos lo hacen llegar.

Además conocemos la existencia de un modelo ministerial de educación a distancia. El CIDEAD. Centro integrado de enseñanzas regladas a distancia, que también se define como Centro para la innovación y desarrollo de la educación a distancia. El Ministerio de Educación y Formación Profesional del Gobierno de España así lo dice en su página web.

Este centro docente y público, y regulado por la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación, ofreciendo un modelo de formación reglado, no presencial, abierto y flexible, apoyado en las Tecnologías de la Información y la Comunicación, con materiales multimedia y permanente apoyo tutorial ofrecido por profesores altamente cualificados, e imparte Educación Primaria y Educación Secundaria Obligatoria, completamente a distancia, y dispone de un proyecto educativo reglado. También dispone de Bachillerato y Formación Profesional. Está pensado para residentes en el extranjero de nacionalidad española o que hayan cursado estudios reglados españoles, o residentes en España en circunstancias excepcionales que les impidan cursar estudios en un centro (presencial o a distancia) de su Comunidad Autónoma, y sólo se requiere de ordenador con conexión a Internet, cuenta de correo electrónico personal, escáner o cámara para digitalizar documentos, además de impresora en Educación Primaria, los materiales didácticos y el soporte de comunicaciones se ofrecen a través de la plataforma educativa. La evaluación es contínua a través de exámenes, actividades y controles.

Existiendo este servicio en marcha desde hace muchos años, con la estructura y los medios necesarios, no entendemos porqué no se ha elegido como método de enseñanza curricular oficial a distancia, ni para el tercer trimestre del pasado curso escolar, ni mucho menos en este curso 2020/21, para la no presencialidad 50%. Y sobre todo, no entendemos por qué no se ha aprovechado para realizar un curso escolar completamente a distancia a nivel nacional. 

Evidentemente, la no presencialidad 100% requiere de un sostén y apoyo familiar, solo posible desde una conciliación laboral real, que pasa por una colaboración estrecha y constante entre Educación y Trabajo, que se ha echado de menos durante el proceso actual, y que no parece tan complicada, cuando la mayor parte de las empresas han puesto en marcha el teletrabajo durante la pandemia, y en España está a punto de aparecer una Ley de Teletrabajo. Pero aún suponiendo que existan progenitores que, por las circunstancias y características de sus trabajos, no pueden ejercer desde el teletrabajo, existen soluciones. Por ejemplo, para los autónomos podría existir la posibilidad de redirigir desempleados del sector que no tengan cargas familiares, para sustituirles en sus labores por una remuneración económica compuesta por el importe de la prestación de desempleo más un complemento aportado por el autónomo. Una fórmula que no carga económicamente a las administraciones y aporta tanto a determinado grupo de desempleados como a determinado grupo de autónomos, que verían en esta fórmula una opción para ofrecer a sus hijos la educación a distancia en este curso. Y si aun fueran un número representativo los progenitores que no pudieran asumir el teletrabajo, o la sustitución laboral que acabamos de plantear, podrían ser esas familias las que se acogieran a la presencialidad, y así la distancia social y el control de cumplimiento de medidas higiénicas por parte del alumnado si sería posible, por resultar un número de alumnos muchísimo menor.Otra fórmula sería la elección voluntaria de las familias hacia la presencialidad o no de sus hijos para este curso escolar, siempre que ésta no estuviera condicionada por la falta de conciliación laboral, que hoy por hoy es una realidad para muchas familias, y que, como comentamos en el párrafo anterior y en este, tiene solución.

Y si nos atenemos a la fórmula actual, la que está en marcha ya en el curso escolar recién comenzado, consideramos de vital importancia tener en cuenta, que para educar a distancia se necesitan herramientas de educación a distancia, no desde el modelo presencial, que es como se está llevando a cabo. Dichas herramientas se pueden obtener del modelo CIDEAC y/o del modelo de educación libre, bien desde la educación a distancia bien desde el homescholling, que aun siendo hoy por hoy un modelo alegal, dispone de innegables herramientas y experiencia de más de 20 años en nuestro país, y muchos más en otros, siendo legal en varios de ellos, como sucede con nuestro vecino Portugal.

Por último, nos gustaría dejar aquí presencia de soluciones y consecuencias en educación que esta pandemia está suponiendo para otros países. Porque países que han comenzado el curso escolar antes que España, y que ya están sufriendo lo que parece que son inevitables consecuencias: ya muestran casos de cierres de centros o de clausuras de espacios por brotes significativos, de dimisiones de directores de centros y desigualdades o imposibilidades a la hora de implementar las medidas sanitarias educativas. Si esto ha sucedido antes en países cercanos y similares al nuestro, aún entendemos con mayor dificultad cómo no se ha partido de ello como referencia y se ha adoptado la no presencialidad 100% o de elección voluntaria en España. Algunos países han elegido la no presencialidad 100% desde el comienzo del curso, otros ofrecen la libre elección en cuanto a la presencialidad. Soluciones viables en todos los sistemas.