Respuesta a Presidencia del Gobierno sobre nuestra petición

Estimados señores de Presidencia de Gobierno:

Desde el movimiento ‘Una nueva educación para una nueva realidad’ agradecemos muchísimo su respuesta al escrito que les dirigimos hace unos días, y el especial interés que le han prestado. 

Somos completamente conocedoras y conscientes de las medidas y recomendaciones, desde las administraciones competentes para los centros educativos, y del trabajo que ello haya podido suponer, con el objeto de reforzar la prevención, higiene y promoción de la salud y ofrecer una vuelta a las aulas de forma segura posible.

Pero todos sabemos que asegurar la garantía en salud ante el coronavirus, el retorno a la actividad escolar, es muy complicado, y a veces imposible. Podemos, entre todo el colectivo educativo, maximizarlo, pero hasta ahí, y como bien comentan ustedes, el riesgo cero no existe. 

Ustedes mencionan en su respuesta que hay un riesgo que hay que evitar a toda costa: la exclusión social que se produciría por no volver al colegio. En este sentido nos gustaría comentarles que en esta nueva realidad no hay normalidad, la normalidad se generará pasado un tiempo, cuando realmente lo que nos está sucediendo se convierta en normal, y desde una experiencia normalizada se puedan establecer criterios de acción, en educación y en todo. La expresión tan difundida «nueva normalidad» nos está despistando. Desde esta nueva realidad, la vivencia covid que nos centra en preservar la salud nuestra y de los nuestros por encima de todo, atendiendo a nuestra situación personal y al de nuestro entorno, pues uno de los valores fundamentales en esta pandemia es la responsabilidad y la solidaridad social, nos obliga a descolocar todo en lo que nuestra pirámide de necesidades y creencias esgtaba estable y compartido socialmente, hasta ahora. En ese sentido, la exclusión social ya está presente en el fenómeno covid, pues la prevención nos lleva al aislamiento, y ello a la deshumanización, tanto a adultos como a menores, niños y adolescentes. La exclusión que pudiera suponerles a los menores no asistir a clase presencial, no sería tal, si no una práctica de nueva realidad, normalizando desde pequeños el contacto social online, al que nos está llevando esta situación sanitaria.

Priorizar la presencialidad en este curso escolar, tras lo expuesto anteriormente, nos parece un error. Para nosotras el enfoque de partida es priorizar la salud por encima de todo. Y la salud en pandemia responde a una situación personalizada y diferente para cada familia, por ese motivo nosotras apostamos por una elección libre para las familias, en cuanto la educación curricular oficial presencial y no presencial, y eso evitaría a algunas familias a verse forzadas a desescolarizar a sus menores, para garantizar su salud y la de sus familiares, bien porque sean grupo de riesgo, bien porque el miedo, que en esta situación de gravedad es legítimo, les obliga a decidirlo así.

Nuestra propuesta de libre elección en educación curricular oficial presencial y no presencial, a nuestro parecer es la única opción garantista de salud y educación por igual, pues aporta posibilidad de que los centros educativos implementen las normas básicas sanitarias, de distancia social, uso de mascarillas, desinfección específica de los centros, y control de todas estas normas, para sostener una apuesta así, y al mismo tiempo permite que, las familias que por sus circunstancias personales lo requieran, y su disponibilidad lo permita, deseen educar en este curso escolar desde su casa, acogiendo la no presencialidad 100% tutelada y dirigida por el currículum escolar y los propios centros de sus hijos, es decir, haciendo el curso en casa, pero desde su centro escolar.

La dificultad insalvable que encontramos en el modelo oficial establecido para este curso escolar, podemos describirla en diferentes puntos:

* Los menores, tanto niños como adolescentes, no están preparados para asumir y asimilar la estricta normativa sanitaria en la escuela, por su etapa evolutiva y su falta de experiencia vital, que no les permite conocer las consecuencias del contagio y la enfermedad que nos trae el coronavirus.

* Los grupos de convivencia estable, o llamados «grupos burbuja», no son tal, puesto que esos niños y sus profesores, y los profesionales con los que conviven en el centro escolar, vuelven a sus hogares y a sus contactos, y ahí el aislamiento sanitario desaparece. Pero es cierto que los niños de infantil y los de primeros cursos de ESO, por su etapa evolutiva y su momento de vida, son el colectivo de menores que menos puede asumir y garantizar el cumplimiento de uso de mascarillas y distancia social. Además, desde esta norma de «grupos estables» se asume el contagio para esos niños, familias y docentes se contagian, con el impacto socioeconómico y sanitario que eso tiene.

* La higiene y desinfección específicas, personal y ambiental en el contexto escolar, es muy difícil de mantener, debido a la cantidad de personas que transitan por un centro escolar en cada jornada. La educación para la salud hacia alumnado y profesorado y demás profesional educativo, es muy beneficiosa. La ventilación frecuente de las aulas es otro gran aliado. Así cómo los puestos fijos en aulas y autobuses escolares, el uso obligatorio de mascarillas para los mayores de 6 años (porque a los menores de esa edad es imposible obligarles a algo así, si no quieren), la toma de temperatura al entrar al centro, la norma de no acudir al centro con los síntomas indicados en los documentos informativos y en esa guía de actuación que conocemos que el Ministerio de Educación ha presentado a las CC.AA. para actuar de manera protocolaria ante la aparición de «casos covid» en los centros, las aulas de aislamiento para los casos detectados, y el resto de medidas específicas que conocemos que tienen previsto que se implementen en los centros. Pero todas son medidas que resultan insuficientes para el colectivo infantil y juvenil, que no es capaz de concienciarse de la importancia de la prevención y el uso de normas.

* Muchas son las familias de grupos concretos del colectivo educativo de nuestro país que se han quedado desasistidas o con importantes carencias, como son las familias con menores de necesidades especiales, altas capacidades, familias numerosas o monoparentales, familias en exclusión social o en riesgo de ello, y familias de grupo de riesgo, bien porque sus menores tienen patologías diagnosticadas incompatibles con el COVID19, o bien porque conviven con familiares que son de riesgo, o bien porque esas familias son los cuidadores de familiares de avanzada edad, que solo por eso ya son de riesgo.

A los menores con necesidades especiales, que son uno de los colectivos más vulnerables en esta vuelta a las clases en pandemia, y que requieren, con mayor urgencia y prioridad que el resto, disponer de las mejores opciones, las medidas sanitarias generales para este curso escolar, no sirven: puede que no toleren las mascarillas ni que los adultos que les rodeen las lleven, o la toma de temperatura, el distanciamiento social o tantísimas diferencias con lo que ellos conocen de su centro escolar habitual. Esta situación puede generarles alteraciones de conducta y que estas requieran la intervención de varios profesionales para su reconducción. Sin garantías de distancias ni protección, y con la imposibilidad de prevenir estos sucesos, la exposición aumenta. Así pues, familias y centros requieren para estos menores flexibilidad asistencial y normativa. Comprensión, tolerancia y empatía. Mucha conversación, reflexión y seguimiento por parte de todo el colectivo educativo, para que los recursos disponibles se adapten con eficacia. Y la posibilidad siempre abierta de que realicen este curso en no presencialidad 100%, si eso les beneficia, y las otras opciones les perjudica. La inclusión educativa y social de todas las personas con diversidad tiene que estar presente en este curso, más que en otros aun. Quienes deseen un plan de escolarización realista para menores diversos deben tenerlo, y quienes prefieran la no presencialidad para estos niños especiales, también deben poder acceder a ello sin trabas.

Los menores con altas capacidades, por su especial sensibilidad y sus habilidades, deben ser tenidos en cuenta de manera especial.

Las familias numerosas no pueden asumir la no presencialidad sin ayudas económicas, tecnológicas y asistenciales, así como condiciones de conciliación laboral adecuadas a su situación. 

Las familias monoparentales cuentan con un solo progenitor para acompañamiento del menor en la no presencialidad, por lo que necesitan apoyos específicos en conciliación.

Y para las familias en exclusión social o en riesgo de ello, los cambios que supone la educación en pandemia lleva a sus casas un problema añadido, por lo que son necesarios unos apoyos específicos para ellos desde Servicios Sociales.

Son necesarios protocolos flexibles específicos para estos grupos. No tiene que haber grandes olvidados en esta educación en pandemia. 

* Otro gran olvidado de esta educación en pandemia es la gestión emocional. El duro golpe que supone para todos esta situación sanitaria, nunca vista e incomparable, no permite referencias, y nos arranca a todos de nuestra zona de confort. Los adultos podríamos disponer de herramientas de gestión emocional que nos ayuden a avanzar, aunque el ser adulto no es garantía, y por lo novedoso e incomparable de la situación, muy frecuentemente está resultando muy difícil o imposible, de ahí los servicios de atención psicológica que han surgido desde la llegada del coronavirus, públicos, privados y de carácter voluntario, y en especial para colectivos vulnerables, como han sido los sanitarios, y ahora lo son los docentes, las familias y los menores. Si es difícil para los adultos, para los menores, con muchísima menos experiencia vital, es imposible. Por tanto es fundamental disponer de recursos de apoyo y acompañamiento emocional para el colectivo educativo al completo, con una especial atención al menor, integrando este servicio a la jornada escolar, e integrando a las familias en ello. Este servicios particular se podría gestionar fácilmente desde las Ampas de los centros. Y en este sentido es importante reseñar el impacto emocional que tiene la deshumanización y el aislamiento del ámbito escolar en los menores, para poder mantener la presencialidad. Obligar a los niños a no jugar, jugar solos o no poder elegir con quién jugar. Obligarles a no poder expresar sus emociones, a distanciarse de sus docentes, que para los más pequeños son sus referencias, y para los bebés y niños menores de 5 años su elemento de vínculo y apego, tiene unas consecuencias psicológicas brutales, y mucho mayores, incomparables, diríamos nosotras, que la no presencialidad. Hemos de pensar que les hemos tenido en confinamiento exhaustivo durante meses, que han sido conscientes en mayor o medida de lo que estaba sucediendo y ahora, casi de repente, les enviamos a las aulas con un sin fin de medidas de prevención que les rodean y les recuerdan cada instante el riesgo que están viviendo o que pueden llevar a sus casas.

* La semipresencialidad que se está ofertando a nivel público y privado es muy dispar, habiendo centros que ofertan presencialidad 100%, otros 50% y otros inferior, siendo esta última opción sobre todo la de los centros públicos, y elegida con mucha frecuencia por la carencia de recursos para la educación a distancia, más por parte de los centros que de las familias, pero también por parte de estas. Esto está generando una gran desigualdad educativa entre los alumnos, causando graves inconvenientes de cara a la presentación del alumnado de último curso a las pruebas de acceso universitario, y abriendo una clara brecha educativa general para los alumnos de cualquier edad y etapa.

* Los equipos de «coordinación covid» previstos para cada centro de educación, no es tal, puesto que no hay personal sanitario en ellos y los profesionales del centro y voluntarios que lo conformen, no disponen de formación específica.

* Además, los recursos anunciados y prometidos desde el Ministerio de Educación a los centros, o no están llegando, o están siendo insuficientes, el refuerzo docente anunciado y prometido igualmente, o no está llegando, o también está siendo insuficiente, si contamos con los casos positivos en coronavirus de docentes en todas nuestras comunidades, y los casos de bajas médicas de los docentes habituales de los centros, ya sea por pertenecer a grupos de riesgo o por cuestiones psicológicas. Los recursos presupuestarios para reformas y adecuación de los centros han llegado tarde o no han llegado, y los espacios disuasorios para impartir clases fuera de los centros educativos y colaborar en la garantía de distanciamiento, tampoco han sido asignados, o no en su totalidad, o están resultando ineficaces o con complicaciones de adaptabilidad.

En general, las familias sienten que la vuelta a las aulas y la incorporación a este curso escolar, no se corresponde con esa llamada «nueva normalidad», porque como antes hemos mencionado y argumentado, la normalidad no es posible. Tampoco se cumple con el incremento de medios, profesorado y seguridad prometidos. Las familias y los docentes y responsables de centros sienten que se les ha expuesto y que se les ha trasladado responsabilidades que no les corresponden. Se les pide, directa o indirectamente, que tomen decisiones por su propia cuenta, pero se les amenaza si lo hacen, ya sea familias que se han planteado no llevar a sus hijos a los centros, por miedo y/o por riesgos reales y particulares, que no ven apoyados desde el sistema, o centros que intentan adecuarse a las necesidades particulares de su alumnado. 

No queremos dejar de hacer mención de la presión mediática que hemos recibido, tanto desde los medios en si como desde la aparición pública de las administraciones competentes en los mismos, estigmatizando a las familias que no han querido que sus hijos tengan presencialidad, y elijan la educación en casa, incluso con vínculo con los centros donde estaban matriculados, o eligiendo la educación a distancia, en el modelo que corresponda, tildándoles de absentistas, objetores, insumisos, cuando son familias cuya principal preocupación son los intereses del menor, en esta situación actual primando la salud, y que al no ver garantías en la normativa ministerial, se nuegan a lo que para ellos supone poner en riesgo a sus hijos y a sus familias, pero que en ningún momento van a abandonar la educación de sus hijos. Se puede hablar de absentismo escolar cuando existe abandono para el menor, pero no hablamos de ese escenario. Como en muchas situaciones que nos ha traído la COVID19, escenarios especiales requieren soluciones legales especiales. En otros contextos ya se están empezando a gestionar. En educación también son necesarias. 

Y la última cuestión que queremos visibilizar en este escrito, y no por última menos importante, es que quede en manos de la decisión personal de los docentes, acogiéndose a la ley de protección de datos, el que los alumnos que tienen por normativa asignada la semi presencialidad, tengan o no clases on line. Y este es un modelo que está surgiendo en muchos centros públicos, y que discrimina, diferencia, expone y perjudica claramente a los alumnos que lo sufren. Esta es una de las disparidades entre centros, pero en general las disparidades son frecuentes en cuanto a la aplicación de las normas imprescindibles de seguridad sanitaria, y esto ha de ser supervisado.

Creemos que mucho de esto es consecuencia de que se han iniciado tarde las gestiones relacionadas con la implementación de la normativa ministerial, y está suponiendo precipitación en muchos centros, y falta de recursos en otros, y aún así se han visto obligados a comenzar el curso escolar. Pero además de esto, como les acabo de exponer, es inviable que las normas de distancia social y uso de mascarillas se respete con seguridad en un centro educativo, por las características de los menores y por la inevitable agrupación de personas. Todas las medidas tomadas pueden ser útiles y notables en otros contextos, pero nos parecen insuficientes en el entorno escolar, y las familias así nos lo hacen llegar.

Además conocemos la existencia de un modelo ministerial de educación a distancia. El CIDEAD. Centro integrado de enseñanzas regladas a distancia, que también se define como Centro para la innovación y desarrollo de la educación a distancia. El Ministerio de Educación y Formación Profesional del Gobierno de España así lo dice en su página web.

Este centro docente y público, y regulado por la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación, ofreciendo un modelo de formación reglado, no presencial, abierto y flexible, apoyado en las Tecnologías de la Información y la Comunicación, con materiales multimedia y permanente apoyo tutorial ofrecido por profesores altamente cualificados, e imparte Educación Primaria y Educación Secundaria Obligatoria, completamente a distancia, y dispone de un proyecto educativo reglado. También dispone de Bachillerato y Formación Profesional. Está pensado para residentes en el extranjero de nacionalidad española o que hayan cursado estudios reglados españoles, o residentes en España en circunstancias excepcionales que les impidan cursar estudios en un centro (presencial o a distancia) de su Comunidad Autónoma, y sólo se requiere de ordenador con conexión a Internet, cuenta de correo electrónico personal, escáner o cámara para digitalizar documentos, además de impresora en Educación Primaria, los materiales didácticos y el soporte de comunicaciones se ofrecen a través de la plataforma educativa. La evaluación es contínua a través de exámenes, actividades y controles.

Existiendo este servicio en marcha desde hace muchos años, con la estructura y los medios necesarios, no entendemos porqué no se ha elegido como método de enseñanza curricular oficial a distancia, ni para el tercer trimestre del pasado curso escolar, ni mucho menos en este curso 2020/21, para la no presencialidad 50%. Y sobre todo, no entendemos por qué no se ha aprovechado para realizar un curso escolar completamente a distancia a nivel nacional. 

Evidentemente, la no presencialidad 100% requiere de un sostén y apoyo familiar, solo posible desde una conciliación laboral real, que pasa por una colaboración estrecha y constante entre Educación y Trabajo, que se ha echado de menos durante el proceso actual, y que no parece tan complicada, cuando la mayor parte de las empresas han puesto en marcha el teletrabajo durante la pandemia, y en España está a punto de aparecer una Ley de Teletrabajo. Pero aún suponiendo que existan progenitores que, por las circunstancias y características de sus trabajos, no pueden ejercer desde el teletrabajo, existen soluciones. Por ejemplo, para los autónomos podría existir la posibilidad de redirigir desempleados del sector que no tengan cargas familiares, para sustituirles en sus labores por una remuneración económica compuesta por el importe de la prestación de desempleo más un complemento aportado por el autónomo. Una fórmula que no carga económicamente a las administraciones y aporta tanto a determinado grupo de desempleados como a determinado grupo de autónomos, que verían en esta fórmula una opción para ofrecer a sus hijos la educación a distancia en este curso. Y si aun fueran un número representativo los progenitores que no pudieran asumir el teletrabajo, o la sustitución laboral que acabamos de plantear, podrían ser esas familias las que se acogieran a la presencialidad, y así la distancia social y el control de cumplimiento de medidas higiénicas por parte del alumnado si sería posible, por resultar un número de alumnos muchísimo menor.Otra fórmula sería la elección voluntaria de las familias hacia la presencialidad o no de sus hijos para este curso escolar, siempre que ésta no estuviera condicionada por la falta de conciliación laboral, que hoy por hoy es una realidad para muchas familias, y que, como comentamos en el párrafo anterior y en este, tiene solución.

Y si nos atenemos a la fórmula actual, la que está en marcha ya en el curso escolar recién comenzado, consideramos de vital importancia tener en cuenta, que para educar a distancia se necesitan herramientas de educación a distancia, no desde el modelo presencial, que es como se está llevando a cabo. Dichas herramientas se pueden obtener del modelo CIDEAC y/o del modelo de educación libre, bien desde la educación a distancia bien desde el homescholling, que aun siendo hoy por hoy un modelo alegal, dispone de innegables herramientas y experiencia de más de 20 años en nuestro país, y muchos más en otros, siendo legal en varios de ellos, como sucede con nuestro vecino Portugal.

Por último, nos gustaría dejar aquí presencia de soluciones y consecuencias en educación que esta pandemia está suponiendo para otros países. Porque países que han comenzado el curso escolar antes que España, y que ya están sufriendo lo que parece que son inevitables consecuencias: ya muestran casos de cierres de centros o de clausuras de espacios por brotes significativos, de dimisiones de directores de centros y desigualdades o imposibilidades a la hora de implementar las medidas sanitarias educativas. Si esto ha sucedido antes en países cercanos y similares al nuestro, aún entendemos con mayor dificultad cómo no se ha partido de ello como referencia y se ha adoptado la no presencialidad 100% o de elección voluntaria en España. Algunos países han elegido la no presencialidad 100% desde el comienzo del curso, otros ofrecen la libre elección en cuanto a la presencialidad. Soluciones viables en todos los sistemas. 

“CONECTADOS PODREMOS”: GESTIÓN EMOCIONAL Y ACOMPAÑAMIENTO A FAMILIAS Y DOCENTES PARA LA VUELTA A LAS CLASES EN ESTE CURSO EN PANDEMIA

Este post nace de la imposibilidad de emitir el directo compartido entre Merce Pérez y Raquel Villaescusa, las responsables de ‘Una nueva educación para una nueva realidad’, que teníamos previsto para el domingo 6 de septiembre desde nuestra página de Instagram, y que se frustró por cuestiones técnicas, y acabó siendo un directo sólo de Raquel y por la página de Facebook del movimiento. 

Como estamos muy “conectadas”, el directo emitido fue igualmente interesante y cumplimos nuestro objetivo, y creemos que también las expectativas de nuestros seguidores. Pero, aun así, y a modo de compensación y disculpa por los fallos y las consecuencias que ello les pudo traer a quién nos esperaban ese día, decidimos transcribir por aquí todo lo que queríamos haberos contado juntas en ese día.

Tal y como habría sido en ese directo, Marce y Raquel se habrían ido intercalando para aportar, desde un mismo contenido, sus visiones complementarias según su experiencia profesional, pues como sabéis, ambas somos profesionales de la educación y la familia (podéis acceder a nuestros currículums en nuestra web). Así que, para no traicionar ese formato, así lo redactamos en este post. En color azul escribe Merce, y en naranja Raquel.

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La incorporación a las aulas ha llegado y muchos no hemos podido hacer nada por evitarlo. Al igual que en los últimos meses, no ha sido posible cambiar aquello que sucede a nuestro alrededor, que no hemos elegido y que no nos gusta, pero que nos toca vivir. En este caso se trata de nuestros hijos, y eso nos ha traído malestar, incertidumbre, desasosiego, impotencia, y una serie de emociones que surgen en nuestras cabezas con más intensidad de la que nos gustaría.

Sin embargo, hay algo que sí podemos hacer y que no depende de nadie más que de nosotros: hacernos cargo de nuestra propia gestión emocional y, por ende, de la de nuestros hijos.

“El cerebro humano cuenta con una parte racional y otra irracional. Podemos también nombrarlo como mente racional (más consciente, rápida, mental, concreta, resolutiva…) y mente emocional (más en el inconsciente, subjetiva, lenta, sutil…). La clave está en lograr el equilibrio entre ambas. 

En esta sociedad actual, hemos ido centrándonos en desarrollar principalmente la parte racional y cognitiva, por encima de la emocional. Bajo mi punto de vista, eso ha producido un gran desconocimiento sobre el mundo emocional, que es nuestro 50% y que, normalmente, desconocemos, y como consecuencia, también desconocemos su gestión.”

“Lo emocional es a donde te llevan tus pensamientos. Nuestro cerebro siempre reacciona igual ante los estímulos: y sucede lo que yo llamo cadena pensamiento, sensación, sentimiento y emoción, por ese orden. Y cuando llegamos a la emoción, siempre que logremos nombrarla e integrarla, podremos volver al pensamiento habiendo avanzado. Pero si por contrario, nuestra emoción pasa desapercibida, reaccionaremos de manera automática y las emociones quedarán secuestradas, bloqueadas.

La inteligencia es la capacidad de desarrollar las habilidades necesarias para “resolver” en la vida. La racional en el ámbito cotidiano y más ejecutivo, y la emocional en el del interior, en el de nuestro YO auténtico.  Por tanto, lo ideal es que consigamos desarrollar nuestra inteligencia emocional y racional por igual, para desarrollarnos plenamente. Así pasaremos de ser listos (capaces de memorizar, copiar y mimetizarse) a ser verdaderamente inteligentes, es decir, realmente resolutivos, porque además de aprender, interiorizamos, personalizamos y conseguimos avanzar desde nuestro YO, convirtiéndonos en personas empoderadas, capaces, con personalidad y valores y creencias que nos definan.”

“Personalmente, me gusta mucho recordar la experiencia que nos relata la película “La vida es bella”, en donde un niño vive la Segunda Guerra Mundial acompañado por su padre, que se ocupa de que su hijo tenga una experiencia feliz de todo el proceso, aun dadas las circunstancias. Esta forma de abordar la situación de manera tan inusual, pero tan maravillosa me ha inspirado desde hace años y, justo en estos tiempos, me viene una y otra vez a la mente como modelo en el que inspirarnos para que nuestros niños, los niños de esta sociedad y la generación del futuro, puedan experimentar su paso por esta etapa y su incorporación a las aulas, sin que queden huellas negativas en ellos.

Como comentaba antes, no podemos cambiar esta situación, pero lo que sí podemos hacer es cambiar la forma en que nos relacionamos con ella, y la lectura y el aprendizaje que extraemos para poder salir de esto enriquecidos y con nuevos aprendizajes adquiridos.”

“Simplemente, se trata de optimizar la comunicación, empatizando con el que nos escucha, para utilizar el lenguaje de la manera en que el otro integra, interioriza y aprende, adaptándonos a su etapa evolutiva, cuando se trata de un menor, o a su momento personal, si es un adulto, y siempre desde la escucha activa y la atención plena, porque no es lo mismo oír que escuchar, ni atender que vivenciar.”

“Lo que te voy a proponer en un primer momento es que dibujes un mapa. Puedes usar un papel todo lo grande que sientas que necesitas que necesitas, e incluso puedes ir luego añadiendo papeles pegados. Es tú mapa: hazlo como quieras. En él te invito a que plasmes todo aquello que brote de tu interior. Puedes acompañarte de música, incienso y, por supuesto, el uso de distintos rotuladores de colores, ceras y materiales ayudará a que puedas reflejar tanto lo que sale de tu parte consciente como de la inconsciente (es posible que ésta tarde un poquito más de tiempo, pero merecerá la alegría esperar).

Te propongo que dibujes, pintes y colorees aquello que sientas, aquello que te surja de dentro, aunque no lo entiendas, aunque pienses que no tiene sentido… Si sale es porque está, porque existe en tu interior. También puedes acompañarlo escribiendo palabras. Puedes hacerlo de manera libre, a lo largo y ancho del papel, o puedes hacerlo reservando cada esquina para una pregunta determinada.

En caso de optar por la segunda opción, te sugiero que escojas una esquina del papel en la que respondas a la pregunta “¿Dónde estoy?”. Puedes escribir o dibujar todo aquello que te salga del interior, puedes referirte al espacio físico y también al emocional. Es una ocasión para describir la situación que vives tanto de manera objetiva como subjetiva. En una segunda esquina puedes responder también con palabras y/o dibujos a la pregunta “¿Qué lo provoca?”. La tercera esquina la reservaríamos para “¿Tiene solución?” y la cuarta para “¿Qué estrategias puedo desarrollar como solución o mejor opción bajo mi punto de vista aquí y ahora?”.

Te invito a que vayas trabajando sobre del papel y, se me ocurre que, poco a poco, todo puede confluir en el centro del mismo con una solución que a ti te resulte satisfactoria para ese momento”.

“Y a través de este recorrido que vas a hacer, con ese mapa como herramienta, podrás acompañarte de lo que en coaching llamamos “preguntas poderosas”: ¿qué?, ¿por qué?, ¿desde dónde?, ¿hacia dónde? y ¿para qué?, y tras ello, acude de nuevo a esa cadena de pensamiento, sensación, sentimiento y emoción, y verás que todo cobra consciencia”.

“Es posible que, además de dibujar este mapa, necesites soltar, hablar con alguien, algún amigo, con tu pareja, con un familiar, con los padres del cole… con quien veas que corresponde. Tener la oportunidad de soltar todas esas emociones, miedos, preocupaciones, expectativas… te permitirá alejarlas de ti y que no te invadan, que no te conquisten y te controlen, para poder gestionar tú la situación y poder acompañar a tu hijo”.

“Que los bloqueos desaparezcan y que las emociones se liberen y resulten aportadoras, y no una carga pesada con la que no consigamos lidiar, y que nos dificulten avanzar, transitar y llegar a nuestros objetivos”.

“Durante toda esta etapa, que habrá comenzado en tu vida, probablemente, hace ya unas semanas, y que seguirá un tiempo más contigo, será importante RESPIRAR, GESTIONAR, TRANSITAR para poder AVANZAR, todo ello sin juicios, ya que cada uno de nosotros tenemos un proceso y un ritmo, y debe ser respetado para poder pasar al siguiente paso.

Es posible que durante este tiempo el MIEDO nos aceche e intente conquistarnos. Dejarnos llevar por el miedo es perder el control, la capacidad de gestión, y transmitir a nuestros hijos esta forma de sentir, vivir y actuar ante las situaciones”.

“El ser humano, a nivel emocional, se activa desde lo que llamamos las emociones primarias. El miedo es una de ellas. Detrás están las secundarias, que serían algo así como las primarias, pero más elaboradas e intensas. Por ejemplo, del miedo, la emoción secundaria sería el terror. Si gestionamos bien el miedo, será nuestro AVISADOR, pero si no se convertirá en nuestro BLOQUEADOR, se intensificará y se hará con nuestra mente, sin permitirnos pensar con claridad. Así que pon en práctica las herramientas que aquí te hemos sugerido, y aprende a gestionar tus emociones y a enseñar a tus hijos a hacer lo mismo”.

Los niños son un espejo, ellos aprenden las cosas del entorno, de nosotros, por lo tanto, nos aprenden. Así que podemos situarnos en el punto de vista de que esta es una oportunidad maravillosa (aunque no fácil) para ver qué es lo que nuestros hijos nos están reflejando o despertando, según ellos se están relacionando con el momento. Es posible que encontremos dificultades, pero podemos tomarlas como una gran oportunidad para hacernos con herramientas que le den la vuelta a la historia.

Cada día, cada momento es un reto para elegir y mantenernos en esa forma en la que queremos afrontar esto, para ser ese modelo, para relacionarnos con esto como deseamos y ser ese ejemplo e inspiración que deseamos para nuestros hijos.”

“Todas las amenazas pueden convertirse en oportunidades, y todas las debilidades en fortalezas. Saca partido de esta pandemia. Ponte proactivo y vuélvete inasequible al desaliento. Puedes elegir. Esa es la gran noticia. Está en ti, Porque la libertad individual nada ni nadie puede arrebatárnosla.”

“Para mantenerte ahí te sugiero que, por la mañana, por la noche o cuando sientas que necesitas, dediques unos minutos a proyectar cómo quieres actuar, cómo quieres responder y te visualices haciéndolo. Esto te ayudará a lograrlo con mayor facilidad.”

“Recuerda no enjuiciarte ni enjuiciar a los demás. Es un momento diferente, podemos encontrar dificultades y/o bloqueos, por lo tanto, es importante que nos relacionemos con nosotros mismos y con los demás con amabilidad. Una propuesta que nos ayuda con este propósito es ponernos en la situación de que han pasado cincuenta años y que tu yo del futuro viene para hablar contigo ¿Qué le diría tu yo del futuro a tu yo del presente? ¿Algún consejo?.” 

“Las crisis nos traen necesidad de tribu, nos volvemos más humanos y nos sentimos más cercanos, solidarios. En un momento tan intenso como es esta pandemia, todos estamos sintiendo que surgen movimientos de apoyo y ayuda. Sumérgete en ese clima emocional, y permite que otros participen de tu vida, igual que tú lo harás de la suya. Porque dentro de este distanciamiento social necesario, nos llega del alma un contacto estrecho. Si de dejas llevar lo sentirás, igual que sentirás que puedes acercar más a ti y a los tuyos.”

“Tras todo este proceso personal, es posible que te encuentres en mejores condiciones para poder comunicarte con tu hijo o alumno y acompañarle. Puedes organizar una reunión y proponer también la creación de un mapa o un dibujo, puede hacerlo sólo o junto contigo, también podéis hacerlo antes de comenzar las clases, después o en ambas ocasiones

Recuérdale siempre que estáis juntos en esto, que le acompañas y le escuchas, que tiene voz. Eso le dará mucha libertad y sensación de seguridad.

 Explícale la situación de manera objetiva y adaptada a su edad. Que vea que tienes las cosas claras. Puedes compartir también la posibilidad de que surja un momento en el que no sepas qué hacer, y entonces podrás hacerle llegar que juntos encontraréis la solución. Muchas veces lo peor no es la incertidumbre, sino la vivencia aprendida de que la incertidumbre es mala. El resultado será diferente, si transmitimos la vivencia de que también tenemos herramientas ante la incertidumbre.” 

“Y para comunicarte contigo y con tus hijos, alumnos u otras personas, no hay nada como conocer cuáles son vuestras inteligencias múltiples más desarrolladas. Todos los seres humanos nacemos con determinadas capacidades, que nos ayudan a desarrollar determinadas habilidades. Si logramos encontrarnos con ellas e interiorizarlas, sabremos desde dónde cada uno se expresa, recibe, integra y aprende mejor. Desde ahí seguro que llegar al otro será sencillo y eficaz. Pero primero, empieza por ti. Y una vez encauzado este trabajo personal, dales voz a tus hijos y alumnos. Son personas, como nosotros, tan solo les diferencia la experiencia vital. Si les permites su espacio, su lugar, su tiempo, ritmo y rol, te regalarán sorpresas inesperadas, pues desde su instinto y su naturaleza, aun sin coartar por la socialización, se te presentarán como esos grandes sabios que son. Desde ahí podrás resolver, que significa avanzar, soltar esos bloqueos de los que hemos hablado y continuar, porque, aunque no siempre sea como habíamos imaginado, siempre hay un camino

Sólo nos queda recordarte que algo es difícil cuando no disponemos de las herramientas adecuadas, es entonces es momento de hacernos con ellas. En este caso ya dispones de la posibilidad de acudir al mapa siempre que lo necesites, y a las otras herramientas que aquí hemos mencionado.

Buscar vías para la comunicación. Trabajar en nuestra reprogramación. Establecer prioridades. Perseguir al máximo la conexión con nuestros hijos y alumnos, y con iguales, practicando la toma de conciencia, la escucha activa y la atención plena, para alcanzar el máximo bienestar y relativizar, siempre que podamos, para poder tener la capacidad de gestionar, en lugar de ser conquistados ya sea por la situación o por la emoción.

Fdo.: Merce Pérez y Raquel Villaescusa. Madres, profesionales de la educación y la familia, y responsables del movimiento ‘Una nueva educación para una nueva realidad’.

Nuestro hijos no son suyos

¡La vuelta a las aulas ya está aquí! Y el revuelo es increíble. Tal y como veníamos planteando desde Una Nueva Educación para una Nueva Realidad, las necesidades de cada una de las familias es diferente (unas pueden teletrabajar y otras no, unos pueden conciliar y otros no, hay quien pide presencialidad y hay quien prefiere educación a distancia), sin embargo, a pesar de que todas esas diversidades son reales, no han sido contempladas por el gobierno para diseñar un plan para la vuelta al cole que ofrezca una solución a sus ciudadanos. 

No sólo se juega con la salud de las familias, sino que intentan aumentar el factor miedo para someterlas  y lograr sus objetivos. ¡Basta ya! Esta nueva situación no impacta solamente en la sanidad, ni en la falta de conciliación laboral, ni en la incapacidad de nuestros políticos, esta situación, como cualquier otra crisis trae oportunidades maravillosas  para superarnos como individuos, como familia, como sociedad y crear esa sociedad que deseamos tener.

Cada uno de nosotros somos capaces de tomar las mejores decisiones para nuestra familia y nuestros hijos, cada uno de nosotros tomaremos mejor que nadie la decisión que más convenga a nuestra familia y que mejor se adapte a cubrir sus necesidades, ya que somos los que mejor las conocemos.

No olvidemos que es el pueblo quien elige a sus representantes, pero que nuestras vidas, nuestra salud y la de nuestros hijos no les pertenecen. 

Por medio del miedo se está intentando controlar a aquellas familias que aseguran no llevar a sus hijos al colegio por considerar que no se han tomado las medidas oportunas para sentirse seguros y que no se han contemplado ni buscado soluciones que integren las necesidades reales de esta sociedad.

El gobierno dispone de medios más que suficientes para establecer la educación a distancia, hace mucho que tiene desarrollado el CIDEAD, el Centro para la Innovación y Desarrollo de la Educación a Distancia que proporciona, a través del Centro Integrado de Enseñanzas Regladas a Distancia, atención educativa para los niveles de educación primaria, secundaria obligatoria y para adultos, bachillerato y estudios de formación profesional a los ciudadanos españoles en el exterior y a aquellas personas que, aun residiendo en territorio nacional, se ven imposibilitadas para recibir enseñanza a través del régimen ordinario.

No llevar a los niños a las aulas no supone absentismo escolar, por lo tanto. No preparar dichas aulas en condiciones o no facilitar vías alternativas a las familias que así lo requieran sí es faltar a las responsabilidades adquiridas.

 

 Cada vez son más los profesionales que están saliendo para defender y dar voz a estas familias que se han posicionado en este sentido. Os dejo algunas muestras de ello.

 

http://desousaabogadas.com/vuelta-al-cole/

https://www.granadablogs.com/juezcalatayud/2020/08/eso-de-que-quitaran-los-hijos-a-quienes-no-los-lleven-al-cole-por-el-bicho-es-una-leyenda-urbana/

Conclusiones Encuentro virtual 23/08

El pasado 23 de agosto desde ‘Una nueva educación para una nueva realidad’ (http://nuevaeducacionnuevarealidad.com/?fbclid=IwAR1XEEQpjGWuwgjT88AUqLNKTYoT1RdkxtaiYhfsBHi6Zf6X0BapW8meBlI) decidimos convocar una reunión virtual abierta para tratar de las necesidades actuales de la educación.

Le pusimos como nombre ‘Una nueva educación para una nueva realidad: presente y futuro’. Y tuvo el espíritu de un encuentro de inquietudes al respecto del escenario a falta de garantías en salud y educación que se nos presenta, a menos de un mes del comienzo del curso escolar.

Tuvimos como invitados a profesionales de la educación y la familia, precursores de movimientos educativos representativos de nuestro país, y madres y padres preocupados y proactivos, que quisieron asistir a título personal. 

Compartimos, debatimos y reflexionamos sobre el escenario educación en pandemia, y también sobre el futuro de la educación. Las conclusiones se han convertido este post en nuestra web, que tiene la vocación de llegar lo más lejos posible, porque en él está el conocimiento y la inestimable aportación de todas estas personas que se tomaron tres horas de su mañana de domingo en estar desde la escucha activa y el ofrecimiento, y que sin duda fue tan valioso lo que allí dejaron. Nuestra web será enviada a las administraciones tras el encuentro. 

Podemos destacar la presencia y participación de ‘Somos Diversos’ (http://www.somosdiversos.org/), ‘Flexibilidad Educativa’ (https://propuestaflexibilidadeducativa.wordpress.com/), Ikusi Lateralidad (http://ikusilateralidad.com/), Paloma Hornos (http://gestionemocional.com/), psicoterapeuta experta en Inteligencia emocional y directora de Gestión Emocional, Javier Bolaños (http://www.emotionalcontact.es/), de ‘Educación Emocional y Comunicación’, coach de educación, Mari Carmen, responsable del proyecto ‘Aventura Dinosáurica’ (https://www.facebook.com/NuestraAventuraDinosaurica/) y Rosi Vélez, maestra de profesión y ya jubilada, en representación de la plataforma ‘Vuelta Segura Online’ (https://plataformavueltacoleonline.blogspot.com/?m=1) y miembro de la ‘Plataforma Nacional de Organización Para La Infancia’(https://plataformadeinfancia.org/). Y por supuesto, allí estuvimos las dos responsables de nuestro movimiento ‘Una nueva educación para una nueva realidad’, Merce Pérez y Raquel Villaescusa, madres y profesionales ambas, entre otras cosas, de la educación y la familia. Otros que habían confirmado su asistencia, se quedaron en el camino, por cuestiones logísticas o técnicas.

En cuanto al modelo garantista en salud y educación de cara al escenario pandemia del curso que viene, hemos estado de acuerdo rotundamente en que se centra en la no presencialidad. Se han puesto sobre la mesa todos sus formatos: curricular, a distancia o desde la educación libre, y se ha decidido que la mejor opción garantista es la no presencialidad 100%, implementada con herramientas que faciliten su desarrollo, y que necesariamente deben ser distintas a las de educación presencial curricular. En este sentido se ha hablado de aprovechar métodos del modelo de educación en casa, porque ya está comprobada su eficacia. Y también se ha destacado que más que nunca ahora serán eficaces otras formas de educar desde la motivación y la curiosidad, más allá de lo online.

No obstante, como conocemos ya por la información que nos ha llegado a todos desde los medios y las administraciones, que el modelo oficial partirá de la semi presencialidad, reconocemos que ello facilita la distancia social y la aplicación eficaz de las normas de prevención frente al coronavirus, tanto para quienes se quedan en casa como para quienes asisten, y respeta la educación, aunque hemos sido muchos los que creemos que debe estar en las familias la decisión de si desean presencialidad o no, en función de sus posibilidades y necesidades

Esto nos ha llevado a reflexionar sobre esas familias que se ven obligadas a aceptar que sus hijos acudan a los centros educativos, por falta de conciliación laboral o de recursos económicos para afrontar las necesidades tecnológicas, incluso en aquellos casos en los que no se sienten capaces de resolver en el papel de sustitutos de los educadores. Esas situaciones tienen fácil solución desde los responsables de Educación, Sanidad y Trabajo, y no deberían ser freno para quienes desean ejercer el derecho constitucional de elegir libremente la educación de sus hijos.

Además de esto, respetamos a quienes desean que sus hijos acudan al centro escolar y lleven una educación presencial, y pedimos que se les respete con garantías realistas, eficaces y eficientes, a lo que no se acerca en absoluto la propuesta oficial en ninguno de los escenarios planteados. 

Sea de una forma u otra, todos estamos unidos en la petición de una educación con garantías hacia salud y enseñanza por igual, con sostén y apoyo hacia toda la comunidad educativa, formativa, informativa y económica. Así cómo medidas conciliatorias realistas que permitan a las familias poder elegir. Todos de acuerdo rotundamente en que el desastre del último trimestre escolar del curso pasado no puede repetirse. Y ese objetivo común nos une con fuerza y energía y se ha hecho sentir durante todo el encuentro.

Hubo momento también para dar voz a la educación libre y la educación a distancia. Lo hicimos desde nuestra propuesta, pidiendo, para este curso y a futuro, respeto, sostén, apoyo y desestigmatización.

Se ha defendido la voluntariedad, se ha criticado la desinformación y el abandono al que se nos tiene sometidas a las familias desde los organismos competentes, se han reclamado los derechos de niños, familias y educadores, y se ha exigido que no se vean determinados por lo económico, porque ello no suma, sino que resta, desgarrando y reforzando la brecha entre ricos y pobres.

En cuanto a la parte presencial, se piden más profesores, menos ratio y flexibilidad para las familias. Y se he reivindicado el que bajo ningún concepto se pongan en peligro y en el disparadero a los menores, que de ninguna manera pueden convertirse los niños en daños colaterales, siendo como ya han sido durante esta pandemia grandes víctimas, y hablamos tanto de niños como de adolescentes.

Se ha dado voz intensa a lo emocional como el gran olvidado de esta pandemia, y a la educación emocional en su reflejo en educación. Ya hay niños con miedo por ellos y por sus familias, menores que sientes el peso de la responsabilidad de poder ser ellos los contagiadores en sus hogares por asistir al colegio, menores que temen esa vuelta a un cole que ya no es el cole que conocen. Como varios de los asistentes a pronunciado: “Más daño hacen las heridas emocionales fruto de una exposición extrema a la vulnerabilidad, que lo que podría causar, incluso, el hecho de perder un curso escolar”.

Viendo que el modelo que parece que llegará es el de la semi presencialidad, en nuestras conclusiones, y según avanzábamos, se nos hacía necesario pronunciarnos en ciertas cosas:

  • Imprescindible una ayuda económica desde las administraciones competentes en cuanto a tecnología. Que fácil sería invertir mínimamente en plataformas básicas que permitan que las clases se emitan en directo y queden grabadas, y que las familias que lo necesitaran. obtuvieran subvenciones para la adquisición de servicio de Internet y ordenadores.
  • Abandonar el modelo asistencial de “grupo burbuja”, puesto que los que allí se encuentren volverán a sus casas. No están aislados. La burbuja no es tal.
  • Fundamental la preparación, estructurada por igual para todos los centros educativos, de una formación previa sobre educación online para los maestros, profesores y responsables de dichos centros, contando con expertos de formación a distancia y profesionales de la educación emocional.
  • Acompañamiento emocional para todos los colectivos de la comunidad educativa, para transitar por esta “educación covid”. Familias, alumnos y educadores necesitan este apoyo, pues están más expuestos que el resto de la población a las consecuencias físicas, fisiológicas y emocionales de este virus. 
  • Atención especial a las familias con menores con necesidades especiales, diversidad funcional y en riesgo de exclusión social, porque “necesitan” en el sentido estricto de la palabra, ayuda para poder avanzar en la educación de sus hijos. Y en la misma medida, ayuda a las familias numerosas y monoparentales.
  • Rechazamos que se continúe responsabilizando a los centros educativos de lo que no está en sus manos y que no les compete. Reclamamos la asunción de responsabilidad a las administraciones competentes.
  • Las familias que no le deseen no tienen por qué ser los profesores para sus hijos. Los profesores no tienen por qué ser sustituidos. Reclamamos formación e información para todos.
  • Atender a las necesidades especiales de autónomos y pequeños empresarios, a los que les es literalmente “imposible” conciliar, porque si no trabajan no comen sus familias.

Otros países ya han despertado de esta pesadilla, han salido de sus zonas de confort, y también eso se ha notado en educación: 

  • una formación online excelente con conexiones en horarios concretos, incluyendo clases y deberes, reuniones
  • tutorías de apoyo
  • acceso a sus profesores, siendo estos proactivos y estando preparados para la educación a distancia
  • plataformas de apoyo para tareas, dudas y refuerzos dentro de los mismos centros
  • apps pedagogías

¡Y claro que los menores han aprendido! Herramientas de educación a distancia para la evidentemente necesaria no presencialidad, que les ha ofrecido seguridad y enseñanza por igual. Si ellos han podido, nosotros también. Sólo necesitamos desarrollar esas herramientas sencillas y económicas que acabamos de mencionar. Responsables, escuchen.

No podemos más que reconocer las evidencias de que el modelo de educación semi presencial que se nos impone, además de ineficaz y ineficiente, pone en riesgo la salud y la educación, mellando en la necesaria seguridad que requiere la sociedad, y además impone una deshumanización que no es necesaria, y que se evitaría dando salida a todas las propuestas que aquí se han expuesto. 

Ya hemos podido conocer las propuestas que las Comunidades Autónomas. Hemos podido ver desigualdades e incoherencias, a la par que intentos desesperados de actuar desde directrices inviables. Ahora sólo nos queda esperar a los resultados de esa reunión del Gobierno central con las Comunidades, que esperemos tengan en cuenta cuestiones como las que aquí se han concluido. El presente y el futuro de nuestros hijos y nuestras familias está en juego.

Queremos despedirnos con una frase que ha resonado durante todo este encuentro, y que creemos ha quedado en nuestra memoria para siempre: “Esta batalla la ganamos o la ganamos, por la infancia y la familia”.

Por nuestros hijos, juntos podremos más y mejor.

 

¿Qué les preocupa a las familias? 

¿Qué les preocupa a las famillias? Mis conversaciones con distintas agrupaciones y colectivos del contexto familia, me hacen reflexionar, y mucho.
A las familias nos ha preocupado tanto los contagios y que vuelva a pasar lo mismo, que nos hemos olvidado del modelo educativo, confiando en un modelo social garantista, el que hasta ahora conocíamos, que creíamos se ocuparía de la educación como es debido. Pero tanto esperar y confiar, nos ha pasado factura.
Y nos encontramos con una realidad diferente, que nada tiene de normal, aunque se empeñen en decirnos que esto es la «nueva normalidad». Nadie nos definió «normalidad», pero se nos obliga a asumirla y vivir en ella, confundiéndonos con las palabras.
 
Nos hablan de conciliación, pero eso no depende de los responsables de Educación, si no de los de Trabajo. Nos hablan de recursos, pero eso no corresponde a los centros educativos, si no a las administraciones. Igual que a los centros no les corresponde la responsabilidad de cargar con la asunción e implementación de medidas para las que no les dan recursos, ni humanos ni económicos. El «ahí te las apañes» está muy feo viniendo de las administraciones, y más aún cuando se trata de educación.
E igual que hacen con los centros educativos, pretenden hacer con las familias: sobre nuestros hombros está el aguantar estoicamente la incertidumbre total, y «buscarnos la vida», cuando ni siquiera sabemos cómo y cual será nuestra vida, a menos de un mes del comienzo del curso escolar. Ni todas las familias somos iguales, ni queremos lo mismo, ni necesitamos lo mismo. Además, socialmente estamos comprobando que la pandemia y sus concuencias no se recibe igual para todos, y estas interpretaciones también se trasladan al ámbito familiar. Nos ha tocado aprender a vivir desde el miedo, y el miedo es un mal aliado, si no conseguimos gestionarlo.
Y mientras, en la redes surgen textos de reflexión de madres y padres, desde preocupados a escandalizados, que ponen en absoluta evidencia la propuesta oficial actual frente al curso que viene, y es que no funciona. Medidas que sobre el papel pueden sonar convincentes para algunos, pero que cuando se llevan a un contexto en el que el objetivo son los menores, y además en grupos numerosos, es imposible de llevar a cabo con éxito, y ni siquiera con las mínimas garantías.
Se habla de educación curricular no presencial, pero no se define qué tipo de sostén que recibirán centros, alumnos, educadores y familias para poder llevarlo a cabo, ni siquiera se nombra si lo habrá. Se habla de la conciliación, a la espera de que Trabajo y Educación se reunan para ver de qué manera los adultos responsables pueden hacerse cargo de los menores mientras se educan en casa, porque lo que hasta ahora se ha mal llamado conciliación y teletrabajo, el final del curso pasado ha dejado claro que no lo era. Se habla de protocolos sanitarios, pero no hay trabajo en común entre Educación y Sanidad, y tampoco es razonable hablar de que quién tenga síntomas se va para casa y que la cuarentena del aula del afectado y el cierre o no del centro se estimarán caso por caso, cuando estamos hablando de una enfermedad que no siempre da la cara, y que para cuando la da, ya ha podido contagiar. Y más si hablamos de un grupo poblacional mayoritariamente asintomático, como son los menores. Y supongamos que los niños se contagian, se dan de baja, y calro, con ellos sus familias, y sus contactos cercanos, incluidos los del cole, en cuarentena preventiva, pasan la cuarentena y vuelven, pero para entonces otro se habrá contagiado, y vuelta a empezar. ¿Cómo se consigue impartir un curso escolar en estas condiciones?¿Cuantos verán afectada su salud por el camino? El sistema, hoy por hoy, no tiene respuestas para sus propias propuestas. Y sinceramente, duda que hayan tenido en cuenta que ser asintomático no significa no contagiar. También contagian, pero el problema es mayor porque ni se saben ni los demás les saben contagiados, y no se toman las precauciones correspondientes. Y esto llevado a un entorno como un centro escolar, es lo que lo convierte en grave.
En resumen: dejan en manos de los futuros contagios el trascurrir del curso. primero incorporación, y luego ya se verá. pero se nos lleva diciendo desde marzo que esta enfermedad se combate desde la prevención. Debe ser que es así en todas partes menos en los centros de educación.
Familias, si no queremos que nuestros hijos se contagien, la única opción garantista es la distancia social, y en la presencialidad de los centros educativos no se puede garantizar. Pero si no nos ayudan para sostener la no presencialidad no podremos soportarla. La razón habitual por la cual dicen las familias que quieren llevar a sus hijos al colegio o al instituto, es porque si no lo hacen no ven posible seguir trabajando, y, señores, si no trabajamos no comemos. Un modelo de educación flexible con ayudas desde las administraciones competentes es la única solución viable. Lo ideal sería una no presencialidad 100%, pero si no todas las familias lo ven a su gusto o necesidades, y atendiendo a la libertad de elección, pero adaptando esta a la situación que vivimos, la no presencialidad en 50% y sin turnos es la opción. Una una opción que el sistema contempla en sus escenarios, pero que parece que le cuesta implementar, no se entiende por qué.
 
Las familias ya sabemos que, con Covid19 o sin el, ningún niño debería ir enfermo al colegio, y quienes hasta ahora les enviaban medicados, esperamos por el bien común que este año se lo piensen. Pero, ¿y si no sabemos que nuestros hijos están enfermos?
Otro de los colectivos víctimas de esta inverosimil situación son los educadores. Es importantísima la visión de los docentes, y no se les ha dado posibilidad de expresar ni opinar, y mucho menos de proponer. Sólo se les exije: incorporate, haz tu trabajo como puedas, porque nadie te dice cómo, asume la función de sanitario, supervisar, policía y restreador del virus entre tus alumnos, y además, enseña, y de vez en cuando te haremos las pruebas, y si estás contagiado te sustituimos y ya está. Sin palabras…
El modelo de educación y de centro educativo, procedente de la Revolución Industrial, y que aún tenemos ha quedado obsoleto hace tiempo, y ahora, en una situación tan radical como esta, es tan evidente que duele.
Ya nos llega el mensaje a todos: «El país no puede parar». «Debemos prevenir». «La conciencia social es la base». «Fundamental distancia social, lavado de manos y mascarilla». Pero ¿porqué desde el final del curso pasado hasta ahora no se ha trabajado para ver qué se implementaba y montar las plataformas necesarias, capacitar a los profesores, proveer de materiales a las familias? ¿Porqué en educación no sirve la consigna «prevenir» y «conciencia social»? ¿No han sufrido los menores suficiente, estigmatizados y encarcelados, para que ahora se les obligue a un colegio que no es su colegio? 
¿Cómo podemos tener a las familias viendo cómo hacen para comprar ordenadores, o conseguir teletrabajo, o intentar vivir sólo de un sueldo, por si acaso…. ¿Cómo podemos tener a los centros educativos y a los docentes absolutamente desinformados?
El problema hay que mirarlo con perspectiva. Para los gobiernos, al menos para el nuestro, la prioridad no es la educación, ni tan siquera la salud, si no la economía, que es lo que mantiene a flote a un país y lo que lo define. Su visión es global y está por encima de lo demás. Y si para ello se sacrifican otras cosas, pues así será. Por eso es fundamental evidenciar el desastre que supone el plan oficial de educación frente al curso próximo. Solo se conseguirá lo que se necesita desde la presión social.
Y otra realidad es que lo que estamos viviendo no se parece a nada conocido, y por lo tanto nada de lo que hagamos podrá ser igual, a ningún nivel. Nos toca vivir el día a día, para ir adquiriendo experiencia y porder ir definiendo sobre la marcha las necesidades correspondientes. Se acabó el estado de bienestar. Se acabó la seguridad, las garantías, los derechos, tal y cómo los conocíamos. Alguién dijo una vez que si quieres que algo cambie, no sigas haciendo lo mismo…

Además, aunque siempre hemos oído desde fuera, y sabido desde dentro, que los niños son el futuro, cuando hemos llegado a una situación extrema, desgraciadamente los menores no son fuente de recurso económico inmediato para los gobiernos… No les valen… 

Para cuando los niños de ahora contribuyan a la economía, los gobiernos actuales ya no estarán. Y por otro lado, sin una economía mínima, ningún país subsiste. Deberían buscar el equilibrio, pero van a lo fácil, a lo que les cubre a ellos, porque todo es política
Otros países ya han despertado, han salido de sus zonas de confort, y también eso se ha notado en educación: una formación online excelente con conexiones en horarios concretos, incluyendo clases y deberes, reuniones, tutorías de apoyo, acceso a sus profesores, siendo estos proactivos y estando preparados para la educación a distancia, plataformas de apoyo para tareas, dudas y refuerzos dentro de los mismos centros, apps pedagogías. ¡Y claro que los menores han aprendido! ¿Es que no se puede enseñar a distancia con herramientas de educación presencial!
La no presencialidad tiene muchas opciones posibles: 50%, 100% curricular o libre, voluntaria… Pero claro, si no tiene apoyo desde el sistema no podrá ser. Y por supuesto, considerando las características de cada curso y de cada etapa evolutiva. Pero es lo único que puede garantizar la distancia social y el control de cumplimiento de medidas, y eso sólo es posible evitando la asistencialidad o minimizándola todo lo posible. Porque los niños no pueden controlarse solos. Es pedirles demasiado. Y no todo el mundo quiere, puede o le es posible costearse una no presencialidad, y eso hay que respetarlo, en la medida de lo posible, aunque a veces no se comprenda.
Y hablando de necesidades, me  surgen nuevas preguntas: ¿Y para los niños con necesidades especiales? ¿Y las familias en exclusión o riesgo de exclusión o en circunstancias personales no compatibles con la educación desde casa? ¿Y las familias numerosas?. Y tampoco hay respuestas.
Si, y ya soy consciente de que hay una cosa que también preocupa mucho a las familias, y es la necesidad de contacto, y de relación entre iguales, especialmente en los mas peques. Aprenden del juego, del tocar, experimentar y necesitan para su desarrollo. Y a todos nos gustaria que no se les privara de esa necesidad, pero en esta nueva realidad no normal esa normalidad ha dejado de ser prioritaria, porque la prioridad es la salud. 
Yo lo veo en mi hijo y es lo que más me entristece. Con cuatro años lleva sin ver a niños desde marzo. Dice que sus amigos son sus juguetes. No solo es triste, también es un problema de cara a futuro y deja huella seguro. Pero esta pandemia nos ha obligado a priorizar por encima de nuestras prioridades: en mi familia si entra el coronavirus mi marido se contagia y no trabaja, y como es autonomo no comemos, y si lo cojo yo mi hijo no tiene quién lo cuide. Es todo tan grave y tan dramático que la salud emocional de los niños queda en segundo plano, y la física es condicionante de la del resto de la familia y de las consicuencias que esto traería. A mi me rompe el corazón y me indigna por igual… pero cada día trabajo para aprender a resignarme y asumirlo. Vivir sin libertad y con miedo es lo último que habria pensado que iba a suceder, lo último que hubiera querido, y por supuesto, lo último que pensé que vivirían mis hijos, a los que crié y estoy criando en todo lo contrario, hasta ahora. Para cuidar mi salud, la de los míos y la de mi sociedad, tengo que traicionar mis valores y mis creencias. Hasta ahí nos lleva esta pandemia. 
Familias, antes de decidir, informaros y formaros, que elegir una educación presencial no nos convierte en «profesores» de nuestros hijos, pero sí nos obliga a asumir una responsabilidad diferente, porque si seremos sus supervisores, nosotros o quienes asignemos para hacerlo. Pero es que, además de la educación no presencial curricular, existe la educación a distancia, que va sostenida con centros educativos especializados. Y luego la libre educación, para quién si quiera convertirse en el recurso esencial de sus hijos para aprender, pero que tampoco requiere que seamos sus «profesores», una vez más, porque la manera de aprender es otra, y por ello y para ello existen asociaciones y agrupaciones que nos sirven de guía, si este es el modelo que elegimos. No se trata de elegir entre el cole convencional y la educación libre sin apoyo, se trata de conocer todas las opciones y exigir que se nos validen y se nos apoyen desde el sistema. Que de verdad podamos comprobar que se está anteponiendo la salud por encima de todo, pero sin descuidar la salud. Por eso lo ideal sería que el sistema proporcionara la flexibilidad y las ayudas necesarias, para que cada cual eligiera si quiere presencialidad o no para sus hijos, y en caso de que se prefiera la no presencialidad, que modelo.
Decisión personal respetada y apoyada para cada familia. Podemos estar o no de acuerdo, pero la decisión debe ser de cada familia. La situación es tan tristemente novedosa y peligrosa que así lo requiere. ¿Porqué obligar unos a otros? ¿Porqué no permitir que cada cual elija, dentro de las opciones posibles, para el bien común?Cada cual dónde quiera y como quiera, y todos lo más seguros posible… No podemos centrarnos en la igualdad absoluta cuando la salud está tan radicalmente en juego. Sólo podemos centrarnos en el equilibrio que garantice los derechos de los niños, sin poner en peligro lo demás. No son momentos de juzgar, si no de apoyar por una causa común: derechos de los niños, educación y salud.
Si nadie se ha podido adaptar con garantías a la pandemia, ¿como los van a hacer los centros educativos, si no cambian radicalmente su modelo? Nunca nos vimos en una pandemia. Lo de antes ya no sirve.
 
Esos recursos que permitan la bajada de ratios casi ningún centro educativo los tiene. No hay espacio. Y no hay presupuesto para más personal. Habiitar espacios fuera de los centros no es funcional, y también requiere de recursos que no se tienen. Y aunque todo esto se consiguiera, sigue sin haber garantías de que se pueden poner en práctica con éxito las medidas preventivas.
Centralizar una educacion online de calidad, un cyberschooling real, eso es garantía. Una opción garantista plural, centrándonos en lo singular y desde la flexibilidad educativa. Y, desde luego, no se puede impartir educación a distancia con herramientas de presencial, así que implementación adaptada de herramientas de educación a distancia y de homescholling, ofrecidas por profesionales y expertos, que para algo la educación libre lleva implantada con exito en Europa, y también en España, desde hace muchos años.
Estoy convencida de que sólo entre familias se puede encontrar la mejor solución para esta situación. Pero si no se hace poniendo el foco en alumnos, familias y educadores y centros, por ese orden, y en interactuación y sinergias con todos esos contextos, no funcionará. 
Fdo.: Raquel Villaescusa. Madre, doula, coach de familia y educación. Profesional de la comunicación. Parte de la plataforma ‘Una nueva educación para una nueva realidad’

Propuesta para la vuelta al cole

La propuesta ministerial dice vuelta al cole presencial 100%, ratio 25 alumnos (¿y los centros que no puedan?, ¿y para los que eso no garantice distancia?), sin mascarillas en las clases (aunque en otras estancias si, y no sabemos con qué criterio…), y si llegan los contagios (que llegarán…), a casa (pero no cuentan cómo se garantiza el seguimiento de la educación durante sus bajas, ni la conciliación de sus familias para cuidarles…) y surgen brotes, que surgiran, entonces a cerrar (pero tampoco nos cuentan cómo se garantiza la educación de los niños en ese caso, porque su salud, a la vista está, no está garantizada, y con ello tampoco la de sus familias…). ¿Dónde está la coherencia?.
Nos cuentan que socialmente la medidas se basan en la prevención. En todas partes distancia y mascarilla. Cierran espacios y hay restricciones. Pero los niños todos al cole en septiembre. ¿Coherencia?
Propuestos oficialmente distintos escenarios según nivel de pandemia: presencial, mixto o a distancia. España ya es uno de los países con mayor número de contagios. La OMS recomienda que países así no abran sus centros educativos. Pero, por ahora, las administraciones sólo contemplan el modelo presencial. ¿Coherencia?
No es posible vuelta segura, porque no es posible garantizar distancias ni higiene, lo primero por espacios y por imposibilidad de que los niños entiendan y/o integren la necesidad, simplemente porque su cerebro, por desarrollo evolutivo, no está preparado para ello, y lo segundo por esto último.
La única solución garantista de educación y salud es la no presencialidad, pero con apoyo y sostén del sistema, para centros, alumnos, educadores y familias, porque sin formación, tecnología, inversión y conciliación, tampoco es viable.
Nuestra propuesta si es coherente:
No presencialidad con implementación de herramientas de homescholling (porque no se puede educar a distancia con herramientas de educación presencial), en cualquiera de los escenarios, y también por decisión familiar, sostenido desde el sistema y con apoyo a alumnos, educadores, centros y familias. Eso es «coherencia».
Lo que familias y educadores queremos, debe ser la base de todo. Tampoco los niños quieren enfermar. ¿A dónde se supone que enviamos a nuestros hijos si les llevamos al colegio o al instituto?
Raquel Villaescusa. Madre, doula y coach de familia y educación. Profesional de la comunicación.

Testimonio de una maestra jubilada

En ‘Una nueva educación para una nueva realidad’, nos hacemos eco de los testimonios y movimientos de individuos y colectivos afectados por la situación que vive la educación en estos días. En esta ocasión traemos el testimonio, público en redes sociales, de una maestra jubilada:
«Estoy pensando que no soy experta en epidemiología, ni formo parte del comité de educación que estarán buscando como locos fórmulas para que los alumnos vuelvan al cole en septiembre, quiero pensar que tendrán asesores que les marcarán las pautas a seguir.
Pero he sido maestra casi 40 años, sí, soy una experta en como organizar un aula con 25 niños de infantil.
Es tiempos normales, sin el virus.
Los primeros días no ejerzo de maestra, solo quiero consolar y calmar a los alumnos, la programación que había hecho en los primeros días de septiembre está llena de tachones.
Llantos, mocos, pipis, todos agarrados a mí falda… pasan unos días y poco a poco se van adaptando, consigo que estén sentados en sus mesas, pero ellos no entienden de confinamiento, y por mucho cuidado que tenga, no pueden estar separados, juegan juntos, comparten juguetes, los tocan…, los puntos suspensivos serían interminables.
Siguen pasando los días, ya consigo que trabajen un poco, utilizan lápices de ceras, plastilina… ¿Qué hago? Le pongo el nombre a cada lápiz, a cada plastilina, no saben los expertos que siempre quieren el que no les ha tocado y se los cambian.
La hora de la comida es para grabarla y que la vea la ministra de educación, se lavan sus manos, yo les abro el grifo, les pongo el jabón uno a uno, sobre todo en tres años, los más mayores solos, todavía con más riesgo, todos quieren comer al mismo tiempo, quieren la comida del compañero, a veces se la quitan o el otro se la da.
Todas esas pequeñas cosas ocurren sin yo poderlo remediar…
Y sigo… llega la hora del recreo, los tres cursos juntos en el patio, jabatas (las maestras) corriendo por el patio para vigilar sus juegos que como niños sanos da gusto verlos correr, te tienes que preocupar de los que se aíslan, los que todavía no se sueltan de mis piernas… podía seguir escribiendo, pero no sirve de nada.
Se me olvidaba, cuando uno se resfria se lo pega rápido a los demás, me he encontrado muchas veces con la mitad de la clase vacía. Humildemente invito a la ministra y a todos los políticos que quieran, a qué visiten un aula de cualquier centro educativo.
Hace mucho tiempo vino a mi clase una inspectora para evaluar el cole, yo tenía ese año los más pequeños, ella estaba sentada tomando nota del funcionamiento de la clase y de mi trabajo, bueno pues los niños acudían a ella para muchas cosas, incluso llevó a más de uno al cuarto de baño.
Cuando terminó la jornada me dijo una frase que nunca olvidaré: todos teníamos que pasar un día por una clase de infantil.
Esto es una mínima parte del mundo de la enseñanza en circunstancias normales.
Estoy ya jubilada, pero pienso en la papeleta que tienen mis compañeros y compañeras.
Esta es mi vivencia como maestra de infantil. He dedicado toda mi vida a la enseñanza y lo haría de nuevo.
Muchos alumnos están a cargo de sus abuelos jubilados, ¡otra vez nos va a tocar el perder! 
Soy mayor pero amo a la vida.
Rogaría a quien competa que pidan opinión a los profesionales de la enseñanza.
Me gustaría estar equivocada y que mi opinión fuera la de una maestra que está mayor».
Lola Guevara, 30 de julio de 2020.

Testimonio de una madre

En ‘Una nueva educación para una nueva realidad’, nos hacemos eco de los testimonios y movimientos de individuos y colectivos afectados por la situación que vive la educación en estos días. En esta ocasión traemos el testimonio, público en redes sociales, de una madre:
«Ayer estuve haciendo varias gestiones:
— En el banco solo podía haber 1 persona en la caja y 1 por cada mesa, el resto esperamos en la calle nuestro turno.
— En la primera frutería a la que fui el aforo era de 5 personas, en la segunda de 2. En la papelería de 4 y en la panadería de 3.
— No pude realizar un trámite en el ayuntamiento porque no tenía cita previa, imprescindible para evitar aglomeraciones.
— Solicité cita para ir al médico, pero primero me tenía que atender por teléfono y ya valoraría si era estrictamente necesario que fuera.
Me sentí tranquila, no me importa esperar en el exterior porque hay menos riesgo de contagio. Veo bien ir a los lugares con cita previa, efectivamente hay menos aglomeraciones, lo que implica menos exposición al virus, y menos tiempo de espera. Me gusta no tener que ir a un centro de salud si no es estrictamente necesario, así reducimos el riesgo de contagio tanto de los sanitarios como de nosotros mismos.
En septiembre mis hijas se incorporan al colegio y al instituto, con suerte, 25 y 30 niños por aula respectivamente. En el patio, cientos.
En septiembre me incorporo a mi centro educativo, pues soy docente: con suerte, 30 alumnos por aula (el curso pasado llegamos a 33). En el patio, cientos.
Algo falla: ¿Son los centros educativos los únicos lugares en los que todo va a seguir como siempre en cuestión de aforo?
No me vale la excusa de decir que si ya vamos a los bares, a los centros educativos también se puede ir. Claro que se podría ir, pero no con esta ratio. Los bares también tienen su aforo reducido y, en cualquier caso, es un lugar al que uno acude voluntariamente, y si no se siente seguro allí puede dejar de ir. 
A un centro educativo se va de forma obligatoria: los niños y niñas van porque están obligados a ello por ley (y por la mal llamada conciliación familiar) y los docentes porque es su lugar de trabajo: ¿son nuestros niños y niñas, chicos y chicas, las únicas personas a las que vamos a obligar a asistir a lugares masificados?¿Son los docentes las únicas personas a las que no vamos a cuidar en su lugar de trabajo?»

Cada vez somos más los que defendemos la no presencialidad

Si encontramos de manera recurrente noticias y posturas que defienden la no presencialidad, y ninguna en su contra, debe ser que quienes estamos convencidos de que ello es la única vía posible para asumir una educación garantista hacia la salud y la enseñanza de cara al curso próximo, no estamos nada equivocados.
Se mire como se mire, no es viable la vuelta al curso escolar tal y como está planteado, porque no contempla como principal objetivo garantizar salud y educación por igual.
 
Las medidas de planteamiento del próximo curso escolar no corresponden con la realidad. La propuesta oficial no se sostiene.
 
Si hay familias que decidieran no llevar a clase a sus hijos el curso que viene, por miedo al coronavirus, eso no puede ser calificado de absentismo escolar. La situación actual es radicalmente diferente a lo habitual. Los criterios han cambiado. Las normas también deben hacerlo. Nadie puede cuestionar que la salud es lo primero.
Las medidas no tienen sentido porque no es prevención. Y más aún entre menores y jóvenes, que según se nos dice suelen ser asintomáticos, y que por tanto pueden contagiar con más facilidad, pues se les supone sanos y así se sienten ellos. ¿Se les aisla y ahí acaba su curso escolar y el de sus compañeros? Y como la Covid19 no genera anticuerpos suficientes como para desarrollar inmunidad, cuando vuelvan a clase, nada les garantiza que no se vuelvan a contagiar… 
Por probabilidad de contagio, dada la imposibilidad de mantener distancia de seguridad, es inviable la vuelta a clase. Prevención es «antes de». Si se contempla el aislamiento por contagio, ¿porqué no se contempla la no presencialidad para evitar ese contagio?
Muy injusto tener que elegir entre salud y educación con nuestros hijos. Y muy duro verte cuestionado por ello. 
Por una vuelta segura, viable y con criterio. viables, alternativas como la que ofrece nuestra propuesta:
Merce Pérez y Raquel Villaescusa, promotoras de la propuesta ‘Una nueva educación para una nueva realidad.

Nos hacemos eco de testimonios y movimientos

En ‘Una nueva educación para una nueva realidad’, nos hacemos eco de los testimonios y movimientos de individuos y colectivos afectados por la situación que vive la educación en estos días. En esta ocasión traemos el testimonio, público en redes sociales, de un padre:
«O hablo o reviento. Necesito soltarlo.
Tengo en casa a una maestra de infantil y a una niña de 5 años. Mi mujer no se va a incorporar, afortunadamente, porque está en avanzado estado de gestación, y a mi hija no pienso llevarla al colegio. Y todos los padres y madres deberíamos unirnos para que, al menos, no sea una obligación.
¿Qué queremos? ¿Autodestruirnos? ¿Cuánto tiempo iban a tardar en mandar a todos los niños de una clase para casa porque un niño tenga fiebre, sin saber de qué es? ¿Una semana? ¿Y entonces qué hacemos? ¿Confinamos a todos los niños y a todas sus familias? Y cuando tras recuperarse vuelvan al colegio, ¿nos confinamos otra vez una semana después en cuanto otro niño tenga fiebre? Y si realmente hay positivos y, en el peor de los casos, fallece algún miembro de la familia, ¿qué hacemos? ¿Le echamos la culpa al niño o la niña que no ha guardado la distancia de seguridad? ¿O al maestro o maestra por no tener 50 ojos en la cara?
De verdad que la propuesta oficial de vuelta a las aulas para este curso en pandemia es la barbaridad más grande que he leído y escuchado desde que llegó el coronavirus. Encima de que vamos tarde con todo en todas las administraciones, porque «nos coge el toro» a cada momento, ¿vamos a meter una bomba en cada colegio?
Mi sentido común y mi lógica dicen lo siguiente (por si sirve de algo):
1. Cuando vuelva el período escolar, deberíamos volver al mismo estado que a mitad de marzo. Es decir, clases a distancia y online. Porque seguimos en las mismas circunstancias: no hay vacuna ni tratamiento eficaz. Más vale perder unos meses más de clases presenciales y de sociabilización, que lamentar una desgracia toda la vida.
2. Me parece bien que abran los colegios y que puedan ir aquellos niños y niñas cuyos padres no tengan otra opción o prefieran esa opción. Si esto lo unes al punto 1, ya tienes la reducción de ratio que tanto se demanda (con toda la razón) desde el profesorado. De 25 alumn@s se podría pasar a tener 5, 10 ó 15. Hay mucho miedo y de esa cifra no creo que pase. Esto haría que los grupos fueran más «controlables».
3. Medidas extremas de seguridad. Lo que supone más personal pendiente permanentemente, sobre todo de los más pequeños, que son incontrolables, y a los que por su etapa evolutiva no podemos pedirles más. Y utilizar espacios amplios como bibliotecas y comedores, y no las aulas. Y salidas al patio escalonadas y separados por zonas delimitadas previamente para evitar grandes grupos: cada grupo a una hora concreta y todos con mascarilla.
4. Contratación de más personal docente para las clases a distancia y online, ya que los maestros y profesores ya habrán realizado su jornada laboral en el colegio. En este caso, el riesgo de contagio es 0.
5. Reducción, si es posible, del tiempo que los alumn@s están en el colegio, siempre que la conciliación lo permita. Hay centros que ya han solicitado la jornada continua para evitar el comedor, y a algunos se les ha concedido.
La única razón para todo esto debe ser la conciliación familiar. El resto de razones, son intereses de partidos y devoluciones de favores.»